El penúltimo raulista vivo

Lo que va de Rapinoe a Guardiola

De la entrevista que concedió ayer Guardiola a Gol, consciente probablemente de que los periodistas allí convocados para tan memorable ocasión televisiva no iban a repreguntarle sino a masajearle los pies por orden directa del comandante Roures, quiero rescatar algo que sí comparto con él y es el hecho de que no veo dónde está la incompatibilidad entre el entrenador de fútbol y el ciudadano que expresa libremente sus opiniones; otra cosa es que, como decía anoche Ilie Oleart, sus opiniones extradeportivas puedan eclipsar al fenomenal técnico que es, pero es un hecho cierto que en la España del siglo XXI disfrutamos de una democracia tan consolidada y tan potente que alguien como Guardiola puede atacar al Reino de España sin que eso suponga un menoscabo en sus libertades individuales como sucedería, sin ir más lejos, por ejemplo en Qatar. Así que sí, efectivamente, Josep Guardiola i Sala puede defender al mismo tiempo que en el Reino de España hay presos políticos y formar parte de la candidatura de Qatar 2022 e incluso figurar en el vídeo promocional sin que se le caiga la cara de vergüenza. Nadie podrá acusar a Pep de que esté opinando sin poder hacerlo, de lo que sí se le puede acusar es de ser un profundo cínico, un hipócrita de tomo y lomo, un mentiroso profesional y un cobarde vocacional.

En los últimos días se ha convertido en viral la actitud de Megan Rapinoe al confirmar que ella no acudiría a la Casa Blanca si Estados Unidos acababa proclamándose campeón del Mundial femenino de fútbol. Rapinoe es la máxima goleadora estadounidense y lleva varios años luchando por los derechos de las futbolistas norteamericanas y liderando la demanda contra la federación de fútbol de su país por considerar que existe por su parte una discriminación favorable hacia el equipo masculino. A Rapinoe la respondió el mismísimo Donald Trump, que se apunta a un bombardeo, que calificó su actitud de irrespetuosa con la patria y con la bandera. Convendrá añadir que Rapinoe está casada con Sue Bird, cuatro veces campeona olímpica con el equipo de baloncesto de Estados Unidos, y es una de las voces más conocidas en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB. Rapinoe sostiene que las políticas de Trump representan un claro retroceso en el terreno de la igualdad y piensa, y yo creo que acertadamente, que su visibilidad como estrella del deporte multiplica por tres el eco de todo lo que ella diga y que está en la obligación moral de defender aquello en lo que cree. Me parece loable.

A Megan Rapinoe, por lo tanto, no se la puede acusar de cinismo ni de hipocresía aunque probablemente sí de mala educación. Si piensa de verdad que las políticas del cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América son discriminatorias, ¿qué mejor ocasión que defenderlo en vivo y en directo con el mismísimo Trump?... Cosas más difíciles se han visto como, por ejemplo, que el sectario Trump, el fanático Trump, el malvado Trump haya sido el primer presidente norteamericano en pisar Corea del Norte para entrevistarse con Kim Jong-un. A Rapinoe, como digo, se la puede discutir su educación pero no su coherencia, aunque, y afortunadamente para ella, esa coherencia no vaya a causarle ningún problema... ni siquiera bajo el mandato de Trump. A Muhammad Ali, que se negó a ir a la guerra de Vietnam, le costó ni más ni menos que el cinturón de campeón mundial de los pesos pesados, y eso que en la Casa Blanca todavía no estaba su actual inquilino.

Rapinoe ha sido aplaudida y reconocida no sólo por su habilidad dentro del terreno de juego sino también por su personalidad fuera de él, pero lo de Guardiola no es valentía sino cobardía. Rapione no ocultó jamás su orientación sexual ni escondió sus reclamaciones hasta la finalización de un Mundial o la expiración de un contrato, pero Guardiola sí nos ocultó a todos que él era un independentista catalán... hasta el día en que colgó las botas. Guardiola participó activamente, eso sí a miles de kilómetros y por vídeo, en un acto declarado ilegal por el Tribunal Constitucional y arrojó a los ciudadanos contra las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Si, llegado el caso, Cataluña consiguiera la independencia y el Torra de turno nombrara a Guardiola ministro de Justicia, nuestros compatriotas ya sabrían a qué atenerse, lo dijo ayer en el masaje de Gol: "Esperemos que la sentencia del juez Marchena sea buena". Porque para Guardiola, como para todos los dictadores que a lo largo de la historia han sido, la justicia sólo es buena cuando te da la razón. La diferencia entre Rapinoe y Guardiola o, ya puestos, Xavi Hernández, que es otro que tal baila, es que Rapinoe siempre ha dicho lo mismo en todo lugar y circunstancia mientras que ellos han cambiado de dirección en función de la racha del viento. Puede que Megan Rapinoe sea una maleducada y es seguro que está prejuzgando a Trump, que apunta por cierto a un holgado segundo mandato en la Casa Blanca, pero no es cobarde; Guardiola lo fue, Guardiola jugó con España por el interés y, de nuevo por el interés, ataca hoy a su país contando mentiras que, gracias a Dios y salvo en el canal de Roures, ya nadie le compra.

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