El penúltimo raulista vivo

Lo que tendrán que contarle a Marcelo

Marcelo acaba de confesar que no vio el Barça-Bayern de anoche. Habrá alguien a quien pueda parecerle un poquito raro eso de que un jugador de la selección pentacampeona del mundo no estuviera ayer pegado a la televisión siguiendo sin pestañear uno de los mejores partidos de fútbol que pueden verse en la actualidad, pero en realidad no es tan extraño. En líneas generales, y por lo tanto en líneas injustas, se podría afirmar que a los futbolistas no les gusta demasiado el fútbol y, sobre todo cuando alcanzan un estatus determinado, utilizan su deporte para llevar un tren de vida que de otra forma difícilmente podrían mantener. No sé si esto es otra leyenda urbana, como la participación de Marilyn Manson en Aquellos maravillosos años o la muerte por sobredosis de Steve Urkel, pero el caso es que hace tiempo circuló por ahí el rumor de que Giourkas Seitaridis, jugador que milita en la actualidad en el Atlético de Madrid, reconoció abiertamente en una entrevista que a él no le gustaba el fútbol y que sólo jugaba porque eso le permitía vivir muy bien.

A Klinsmann sin embargo no le quedó más remedio que ver el partido. Estoy por afirmar que si Rumennigge le hubiera dado el pase de pernocta cuando la cosa iba sólo 2-0, el entrenador del Bayern habría hecho como Schuster en la final de la Copa de Europa y se habría marchado directamente al hotel, pero el presi no tragó y tuvo que aguantar allí quieto el chaparrón culé. Rumennigge, que en mi opinión fue mucho mejor jugador que el propio Klinsmann, vio llorar al mítico Udo Lattek en el descanso, hasta tal punto de ebullición llegó la humillación a la que fue sometido uno de los cuatro o cinco clubes más importantes y prestigiosos de Europa. Klinsmann, o el propio Lattek cuando se enjugue las lágrimas, podrán contarle a Marcelo que el Barcelona bailó literalmente al Bayern de Munich y que, de no haber sido porque Messi, Eto'o, Iniesta y compañía se aburrieron de jugar tan bien o simplemente se apiadaron de su rival, el marcador podría haber sido de escándalo internacional.

El Barcelona de Guardiola tiene un pie y cuatro dedos y medio del otro en las semifinales de la Champions League. En realidad todos dábamos por hecho que el Bayern (este Bayern) no iba a ser un rival demasiado duro para los azulgrana en su objetivo de conquistar la tercera Liga Europea de Campeones de su historia. Y es curioso porque, analizando jugador por jugador, los alemanes tienen una gran plantilla. Tal y como yo lo veo, Klinsmann únicamente podrá darle la vuelta a la eliminatoria si adopta una decisión drástica, tajante e innovadora: obligar al Fútbol Club Barcelona a que sus jugadores vistan de blanco en el Allianz Arena. Sólo en el caso de que Rummenigge mueva sus hilos y logre convencer a Platini y consiga engañar a Laporta, el Bayern será capaz de ganar ese partido por 5-0. Porque no sé qué pasa pero cuando les colocan delante una camiseta blanca saltan al cesped como auténticos Vitorinos.
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