El penúltimo raulista vivo

Lo que me gusta y no me gusta de España

De España, y con la vista ya puesta en el próximo Mundial de Sudáfrica, hay una cosa que me gusta mucho y otra que no me gusta nada, y lo malo es que la que no me gusta ni un pelo es precisamente consecuencia directa de la que me tiene tan contento. ¡Qué lío!... De España me gusta cómo juega al fútbol, con qué descaro y con qué determinación, como si la selección española de fútbol hubiera ido siempre así por las Eurocopas y los Mundiales, marcando el ritmo y volviendo locas a sus rivales. Salvo el Mundial de 1970, en el que dicen que Brasil se salió, la alta competición suele premiar más al pillo que al brillante, al rácano que al generoso, de ahí justamente que argentinos, italianos o alemanes, tres ejemplos de supervivencia y de eso que José Antonio Camacho llamaba el "otro fútbol", acumulen tantos títulos en sus vitrinas. De Argentina, nuestra rival de anoche, y de Italia se destaca su habilidad para "pinchar el balón" cuando el partido así lo requiere, mientras que Gary Lineker decía aquello tan famoso de que el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre acaba ganando Alemania.

Lo que no me gusta de España, aunque no se puede esconder, es que su generosidad y brillantez a la hora de interpretar este juego la hayan convertido en la máxima favorita a alzarse con el campeonato junto a Brasil. En el último año y medio nos hemos enfrentado, y hemos ganado además, a Italia, Francia, Inglaterra, Alemania y Argentina; entre las cinco suman 11 títulos mundiales. Únicamente nos queda por medirnos con Brasil pero, manteniendo la incógnita de la pentacampeona y lo que podría dar de sí un choque entre ambas selecciones, está claro que España está ahora mismo un escaloncito por encima del resto. De España, y más viniendo de la nada absoluta de la que procedemos, me gusta que juegue tan maravillosamente bien al fútbol y, aunque no pueda impedirlo, no me gusta que seamos favoritos con tanto descaro. Me asusta un poco.

Me parece que el Mundial ya ha empezado para España. El Mundial de la tensión y de la presión. Porque un Mundial se juega sobre el campo, sí, pero también se disputa fuera de él. Del Bosque se lo huele, de ahí justamente que, antes de jugar contra los argentinos, dijera eso de que sus futbolistas no podían ir por ahí siempre creyéndose superiores al resto, invencibles, los mejores. Para Maradona, que ganó uno como jugador, ya ha empezado el Mundial: "nunca ganan los que van de favoritos". Y también para Capello: "España está por debajo de Brasil, no defiende tan bien". Hubo quien, cuando Luis le dio el relevo a Vicente, se temió lo peor. El objeto de preocupación, ya fuera fingido o sincero, no era otro que Aragonés había dado por fin con la tecla correcta y a Del Bosque se le podía ocurrir llegar con sus propias ideas y empezar a removerlo todo. En la Copa Confederaciones pudo entreverse por parte de los satélites de Luis algo de lo que le espera a Del Bosque si no es capaz de ganar el Mundial. Tan cierto es que Del Bosque, como no podía ser menos, tiene sus propias ideas acerca de cómo debe jugar el equipo nacional como que España mantiene exactamente el mismo nivel que con su antecesor en el cargo. Y yo, que soy un ingenuo, estoy más convencido que nunca de que España tiene al mejor seleccionador posible para esta situación. Esa es otra de las cosas que me gustan.  
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