El penúltimo raulista vivo

Llorente no quiere ser el nuevo Guerrero

Lo primero que hay que decir acerca del asunto de Fernando Llorente y su negativa, confirmada ayer por el presidente del club, a renovar por el Athletic es que el jugador es muy valiente; con esto quiero decir que su contrato expira el 30 de junio de 2013 y que, dando este paso, se expone claramente a pasar un año en la grada, jugando mucho menos que ahora y, eso desde luego, sintiendo las iras del público de San Mamés. Aún así, Llorente ha colocado en una balanza los pros y los contras y al final ha pesado más su deseo de mejorar profesionalmente. Y lo segundo que quiero decir está vinculado justamente con esto último; yo no sé si Llorente no quiere seguir en el Athletic por motivos deportivos, que fueron por cierto los esgrimidos por Urrutia en su rueda de prensa, o por motivos económicos, pero cualquiera de ellos es absolutamente lícito.

A mí me encaja más que Llorente, que va a cumplir 28 años y que en cualquier equipo al que vaya cobrará entorno a los 5 millones de euros, no quiera verse reflejado en Julen Guerrero, aquel chaval con una enorme proyección y un endiablado futuro por delante que vio cómo su carrera deportiva se apagaba en el club de toda su vida. Guerrero, por lo que fuera, no se atrevió a dar el paso y Llorente sí, y sólo por eso, sólo por querer ser él quien guíe por la vida sus propios pasos enfrentándose incluso a un ambiente que, si no se llega a un arreglo, puede convertirse en hostil y acabar siendo muy perjudicial para él, el chico tiene todo mi apoyo. A nadie le gusta, claro, que un jugador que lleva toda la vida en un club se vaya, pero es ley de vida en el fútbol y, pese a la "especial sensibilidad" que dicen preside la entidad bilbaina, el Athletic debe ir acostumbrándose a ello.

Por lo demás, la rueda de prensa de Urrutia me parece de una torpeza monumental y únicamente cabe explicarla desde el punto de vista de que quiera salvar su propio culo revistiéndolo todo bajo el manto de lo que él ha dado en llamar "fracaso institucional". Si, tal como aseguran, Llorente comunicó al club el viernes 3 de agosto que no pensaba seguir en el Athletic, la obligación del presidente era ponerse inmediatamente manos a la obra y tratar de solucionar entre bambalinas el problemón deportivo (y económico) que se le viene encima. ¿Cómo hacerlo?... Negociando por el delantero. ¿Con quién hacerlo?... Con quien pueda ofrecer más por el chaval. ¿Y quién es ese?... Probablemente el Real Madrid. Es más populista, claro, presentarse ante la afición como el apóstol de las esencias del club, poner al jugador a los pies de los caballos y exponerse al riesgo claro de que dentro de un año pueda irse por la cara. Urrutia lo tenía fácil: "He hecho lo que he podido; aquí está la última oferta que le hice a Llorente, pero él no quiere seguir; ahora, por responsabilidad, lo que hay que hacer es ser realista y sacar por él todo el dinero que podamos". Pues no. Pierden todos. Mal negocio. Y todo porque Llorente no quiere ser el nuevo Guerrero.

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