El penúltimo raulista vivo

Llegó el tiempo para la reflexión del madridismo

Si, por mor del resultado de las elecciones legislativas, George Bush ha quedado tocado del ala, convirtiéndose para lo que le resta de mandato en lo que los americanos conocen popularmente como un lame duck, o sea un "pato cojo", la situación por la que atraviesa ahora mismo Ramón Calderón en la otra casa blanca no está mucho más apuntalada ni sufre de menor recancanilla que la del presidente de los Estados Unidos. Con una diferencia: mientras que lo de Bush, después de seis años de mandato, entra dentro de lo normal, lo de Calderón, tras cuatro meses de presidencia, parece digno de un "Expediente X" deportivo.

Siendo cierto que durante la presidencia de Florentino Pérez convenía tener la prensa deportiva en la mano derecha y el Financial Times en la izquierda, no lo es menos que ahora, con Calderón, uno ha de saber localizar con rapidez lo que antiguamente se conocía en los periódicos como la "sección de tribunales". No voy a relatar aquí de nuevo la irrefrenable orgía de comunicados, acusaciones y contra acusaciones que se han vivido en los últimos días; sí quiero, sin embargo, referirme a la denuncia realizada anoche por José Antonio Abellán en El Tirachinas: personas del entorno próximo al presidente del Real Madrid pusieron en marcha una estrategia encaminada a frenar el proceso civil en el que ya estaba envuelto el club con el único objeto de retrasar el recuento del voto por correo durante el mayor tiempo posible. Eso es, en esencia, lo que denunció Abellán.

El poeta dramático Publio Siro dijo, allá por el siglo I A.C., (por lo tanto mucho antes de que existiera el Real Madrid) que el tiempo de la reflexión era una economía de tiempo. Y yo, que como conocerán los fieles de este blog he sostenido siempre que lo único que no tiene el Real Madrid es tiempo, creo que ahora, justo en este momento, quienes rigen temporalmente la institución, ayudados por quienes se consideren también madridistas, están llamados a reflexionar. Deben tomarse su tiempo y dar un paso hacia atrás para que el club pueda seguir adelante con su imagen totalmente intacta. La titulitis no puede ser excusa. Ni debe servir tampoco de obstáculo lo que haga o deje de hacer el equipo de Fabio Capello el próximo domingo en Pamplona contra Osasuna. Ya he dicho esta mañana en La Palestra del Deporte en Madrid, y lo reitero ahora, que el gran problema que tienen ahora mismo los servicios de limpieza que acuden a diario a la sala de trofeos merengue consiste en poder encajar el plumero entre tantas Copas de Europa, Ligas, Copas del Rey e Intercontinentales que se amontonan en esas vitrinas. Al Real Madrid, que empezó a forjar su leyenda a mediados del pasado siglo XX, le sobran otros cincuenta años del XXI para que vuelvan a elegirle el mejor club del siglo actual. En ese aspecto, por lo tanto, el club tiene todo el tiempo del mundo.

Es un hecho que el Real Madrid no puede continuar así, renco y ortopédico, ni un minuto más. Hacen falta caras nuevas, aires renovados, personas jóvenes, jóvenes profesionales con el ímpetu y la valentía necesarios para darle al club el impulso que exige ahora. Y es imprescindible que una generación de directivos, aquella que tomó el relevo tras el fallecimiento de don Luis de Carlos, posea la amplitud de miras y la generosidad imprescindibles como para saber dar un paso personal hacia atrás con el fin de que el Real Madrid recobre la energía. Hace falta que los Calderón, Pérez, Sanz, Baldasano, Palacios, Fernández Tapias, Martín, etcétera, etcétera, etcétera, sepan ser generosos y se echen a un lado. Tengo que decir que soy pesimista respecto de dicha generosidad, aunque la liebre pueda saltar en cualquier momento. Pero que conste en acta que el club no se merece esto.
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