El penúltimo raulista vivo

Lissavetzky contagia a Luis su amor por la fotografía

La clave se encuentra en una de las frases pronunciadas por Luis Aragonés a la conclusión del partido contra Suecia: "Yo no tengo por qué dar el paso de dimitir". Luis está pidiendo a gritos que le echen, previa indemnización naturalmente. Y Ángel Villar no va a destituir al seleccionador por mucho que éste lo reclame. Sabe que Luis es el único paraguas que queda entre él y los aficionados, y no lo va a cerrar tan fácilmente, al menos no mientras sigan cayendo chuzos de punta como hasta ahora. Si Villar estuviera más preocupado por el futuro del equipo nacional que por el suyo propio se daría perfecta cuenta de que hasta marzo hay tiempo suficiente para variar el rumbo. Pero, precisamente porque España no volverá a jugar hasta dentro de seis meses, es por lo que el presidente de la federación no moverá ficha. Villar cree que el tiempo curará esta herida, pero está muy equivocado. La hibernación no es una solución porque la gente ya no les aguanta ni a él ni a Luis Aragonés.
 
Una nueva clave la ofrece otra de las frases pronunciadas por el seleccionador nacional: "Más críticas de las que he tenido no voy a tener". Efectivamente, Luis puso a prueba la resistencia del "criticrónomo" con hechos puntuales como la farsa de su dimisión, el espectáculo de humillación ante Puyol y Xavi o la inoportuna y mal explicada decisión de apartar del equipo a Raúl. Viendo que el "criticrónomo" aguantó firme, Luis pensará ahora que no serán dos derrotas y un empate ante Islandia, Irlanda y Suecia las que hagan saltar al aparatito por los aires. Sinceramente les digo que he visto cadáveres de cinco días que tienen mejor pinta que la selección española de fútbol, y aún así Luis pretende hacernos "luz de gas" con una repetición sistemática y absurda de frases carentes de sentido: "el fútbol es así" o "unas veces se gana y otras se pierde". La última ("pero si yo me hago más fotos que nunca"), pronunciada ayer mismo en "El Tirachinas".
 
El seleccionador me recuerda a ese kamikaze que va en dirección contraria por la carretera y que, en vista de que todos vienen de frente, le grita a su acompañante lo siguiente: "¿Se han vuelto locos o es que quieren matarse? ¿No se dan cuenta de que están yendo en dirección contraria?". Luis va en dirección contraria, pero Villar le alienta a que continúe por ese camino. Ya sea intento vano de ganarle tiempo al tiempo, deseo de darle la vuelta a la tortilla o simple y llana tomadura de pelo colectiva, lo cierto es que esta forma auténticamente suicida de conducir tanto a la federación española de fútbol como a la selección nacional amenaza seriamente con accidentarnos al resto de mortales. Una cosa sí sabemos, y es que el secretario de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte no intervendrá. Lo suyo no son las injerencias sino los flashes. Parece que Lissavetzky ha contagiado a Luis su afición por la fotografía.
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