El penúltimo raulista vivo

"Lenguas negras"

El pasado domingo, hace ahora justo una semana de aquello, afirmé en El Tirachinas que la persona que había arrojado una botella contra Armando era un animal de bellota. Creo recordar que ese fue el adjetivo que empleé, animal de bellota, y si no fue ese exactamente sería otro similar; en cualquier caso, calificando así al individuo que cometió un acto tan execrable como aquel, trataba de recoger en poco tiempo lo frustrado e indignado que me encontraba con aquellos a quienes les importa una higa el fútbol y que, escondidos entre la masa, pagan sus frustraciones cometiendo actos vandálicos. El lunes, veinticuatro horas después, me ratifiqué en lo dicho y, tras escuchar a los responsables del Betis, me mostré más frustrado e indignado aún que cuando se produjo la agresión hacia el portero del Athletic. Insisto en que me hubiera gustado que se hubieran extraido conclusiones generales a propósito de un hecho concreto tan deleznable como aquel, pero la botella no había impactado todavía en el ojo de Armando y ya había quien empleaba el triste, simplón y aburrido "y tú más".

Por supuesto que no pienso cambiar ni una sola de mis opiniones acerca de lo que sucedió el otro día en el estadio Manuel Ruiz de Lopera, ni una sola. Creo que la Liga de Fútbol Profesional y la federación española han de ser inflexibles con situaciones como esa, y sostengo que quien lanzó la botella al campo es el único culpable, pero que el Betis es responsable de lo sucedido dentro de sus instalaciones. Sobre ese asunto en concreto, sobre los niveles de seguridad exigidos para acceder al campo, empezó a circular justo al día siguiente un vídeo que ponía en solfa a los responsables de dicha materia, insistiendo además en el hecho de que aquello no era en absoluto nuevo sino más bien todo lo contrario. En una desafortunadísima rueda de prensa, Pepe León dejó dicho lo que pensaba sobre la sanción del Comité de Competición, pero, lejos de parar, el folclore ha continuado y ahora me topo con unas declaraciones de Paco Chaparro para las que, por primera vez en años, no encuentro palabras.

Después de aclarar que veía la mano negra de Angel Villar detrás de la decisión del Comité de Competición, convertido en la brazo armado del presidente de la federación, convendría que León dijese ahora qué clase de mano se esconde a la sombra del entrenador del Betis cuando éste deja caer que Armando fingió una lesión con el único objeto de lograr una sanción para el club andaluz y que, una vez logrado el castigo, se recuperó milagrosamente. Me gustaría saber cómo es posible que España casi se parase cuando Bernd Schuster preguntó por el lugar de nacimiento de un árbitro y ahora nadie haya dicho nada sobre la actitud del tal Chaparro. ¿No merecería sanción?... Por supuesto que sí: primero por parte de su club y después por parte del Comité de Competición o, en su caso, de la Comisión Antiviolencia. Como aquí todo sale gratis, Manolo Jiménez se refirió así ayer al cabezazo que Maresca (6 minutos estuvo sobre el campo, 6) le propinó en la nariz a Agüero: "se las sabe todas". ¿Qué hacemos con las lenguas negras?  
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