El penúltimo raulista vivo

Lass, Trapote Grimm y el Comando Patos Salvajes

Me llama la atención el hecho de que la nueva adquisición del Real Calderón se haya presentado aclarándonos a todos quién no es y no quién es y qué ha hecho hasta la fecha para convertirse en jugador del mejor club del siglo XX según la FIFA. Puede que así haya sido mejor para los actuales dirigentes madridistas puesto que si Lassana Diarrà tuviera que explicar qué es lo que ha hecho para llegar hasta aquí, Mijatovic tendría que razonar cómo es posible que el Madrid pague por él veinte millones de euros, y esa sí que parece una misión imposible y no la de Tom Cruise. Ojalá que Lassana, o Lass, como quiere que le llamen desde ahora, se salga del mapa y descubramos en él a otro Makelele, con quien tampoco quiere que le comparen, o su fichaje conlleve para su nuevo equipo el mismo efecto que supuso para el Barça en su día la contratación de Davids, pero mucho me temo que la llegada del francés de origen maliense no es fruto de la reflexión, la planificación y el trabajo hecho con sensatez sino, como comentaba ayer mismo, resultado de la desesperación que ha provocado la estancia de Bernd Schuster (¡cuerpo a tierra!) en ese banquillo.

Mijatovic ha tenido que contratar a la carrera a otro conseguidor como Juande Ramos, y este, que ha descendido por la noche en paracaídas sobre el estadio Santiago Bernabéu y que tiene que realizar una pretemporada como Dios y los cánones del fútbol mandan, aunque se vea obligado a hacerlo todo deprisa y corriendo, en pleno mes de diciembre y a una distancia de doce puntos del líder, que por si fuera poco resulta que además es el Fútbol Club Barcelona, ha puesto como condición inexcusable para intentar desfacer el entuerto que con él venga el Comando Patos Salvajes del capitán Wesley al completo, como por cierto hiciera también en su momento Fabio Capello, aunque aquel otro con mucho más tiempo por delante, trayéndose jugadores de su absoluta y total confianza, como por ejemplo el Puma de Pelotas, pero que chocaban frontalmente con el gusto de la afición merengue.
 
La dirección deportiva del Real, si es que semejante cosa existe con Pedja a la cabeza, lo fía todo a que suene la flauta en la Champions y a que la gente se crea las milongas del dueño de Joy Eslava, aunque, con objeto de impedir precisamente que ciento cincuenta aficionados mal contados volvieran a reclamarle mayor participación de los canteranos y le recordarsen sus innumerables promesas incumplidas, Calderón decidió impedirles el acceso a la presentación del nuevo Diarrà no fuera que la fábula de Trapote Grimm no hubiera tenido los efectos deseados. Ya sabemos quién no es Lass. No es, afortunadamente para él, un remake barato de Mahamadou. Y no es, desgraciadamente para él, una copia con menos años de Claude Makelele. Los socios y aficionados madridistas, que pudieron con Spasic y que supieron sobreponerse al átomo, tendrán que ir descubriendo poco a poco qué clase de futbolista les ha traído ahora don Ramón. Lassana por Kaká y Parejo por Cristiano Ronaldo; ahora entiendo por qué Calderón amordazó ayer a los aficionados. 
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