El penúltimo raulista vivo

Las tres tallas de Isco

No estoy de acuerdo con quien afirma que hablar de la situación de Isco en la grada del Olímpico de Roma suponga en absoluto desviar la atención de lo que realmente importa, que es la clasificación del Real Madrid para los octavos de final de la Champions y, además, como primero de su Grupo. El liderato del Madrid tiene mérito puesto que esta misma Roma eliminó en cuartos de final al Barça de la Champions del año anterior, y por 3-0 en el partido de vuelta. Hay que hablar de eso, también de los mil días seguidos que el Real Madrid cumplirá en febrero como campeón de Europa pero, lo diga quien lo diga, es periodísticamente relevante el hecho de que Solari se lleve a Isco hasta Roma y no para dejarlo en el banquillo sino para sentarlo en la grada. Cuando el entrenador, que lleva en el negocio muchos años, hace eso, lo hace a sabiendas de que ese va a ser indiscutiblemente el tema de conversación en todas las tertulias deportivas, de modo que ambas cosas son compatibles y se puede hablar del éxito que supone para el Real Madrid una nueva clasificación para octavos de final y también de una decisión tan relevante como es dejar a un futbolista de la talla de Isco sentado en la grada. Sinceramente, huele a castigo.

La talla de Isco. ¿Y qué talla es esa? A Isco le apodan "Magia" en el vestuario y es verdad que cuando se exhibe te dan ganas de grabar sus jugadas y verlas repetidas una y otra vez. Pero Isco es de exhibiciones cortas y su magia es muy dispersa. Pareciera como si el malagueño necesitara de una confianza ciega de su entrenador, de la fe del carbonero o de siete partidos mediocres de cada diez sin chupar el banquillo para sacar su batuta. Cuando la saca es un director de orquesta soberbio, pero en un equipo como el Real Madrid se necesita una genialidad constante, regular, una magia estable. Así que, en el fondo, Isco tiene dos tallas, la del imaginario colectivo y la del mundo real; en el imaginario colectivo Isco es ese tipo de futbolista que pone en pie al Bernabéu un domingo sí y otro también pero eso no es así en la realidad; en la realidad Isco aparece y desaparece, y al tiempo vuelve a aparecer. Por si fuera poco, Isco tiene una tercera talla que sumar a la del imaginario colectivo y a la del mundo real y es la de la visión que de él tienen muchos aficionados a través de las lentes del periodismo deportivo. El periodismo deportivo español vio desde el principio a Isco como un nuevo Iniesta pero Andrés fue constante casi hasta el último día de fútbol en el Barça... e Isco no lo es.

De las tres tallas de Isco, la del imaginario colectivo, la que filtra el periodismo y la real, la única que le interesa al entrenador es ésta última, la real, la del entrenamiento diario. Y, desde que Isco llegó al Real Madrid en 2013, la verdad es que uno no logra recordar una temporada completa en la que un futbolista tan talentoso fuera imprescindible e indiscutible para su técnico. No lo fue para Ancelotti, tampoco para Benítez ni para Zidane, entró algo más en los planes de Lopetegui y ahora parece que Santi Solari tiene un especial interés en evidenciar que no cuenta con él, que no le gusta, que no está satisfecho de su rendimiento. A mí, la verdad sea dicha, últimamente me gusta más el Isco de fuera que el Isco de dentro, el que no se muerde la lengua y responde al periodista que se inventa historias sobre él; pero Solari no le va a alinear porque deje en evidencia a Diego Torres, porque además eso es bastante sencillo.

Otra cosa bien distinta es si, como afirmó anoche Manolo Lama, el jugador ha faltado al respeto al entrenador. De ser así, a Solari sólo le quedaba la opción de hacer lo que hizo ayer y delatar al futbolista aparcándolo en la grada. A Isco hay que cuidarlo, de acuerdo, pero del mismo modo que hay que cuidar por ejemplo a Marcos Llorente, a quien Lopetegui le prometió minutos de calidad y al final tuvo que conformarse con recoger los de la basura. Y si Isco no consigue soportar algo como lo de ayer, algo que resulta habitual para compañeros suyos de equipo, entonces tiene un verdadero problema porque Magia puede devenir en futbolista de salón. Decisión puntual o patada a seguir, Isco debe mirar hacia adelante y convencer a Solari de que no mire hacia atrás. ¿Cómo?... Haciendo trucos estables, magia del día a día, jugadas que sirvan cada domingo y no cada tres, dejándose la piel. No es necesario hacer desaparecer todos los días un avión, como hizo David Copperfield en su día, pero un trenecito de juguete de vez en cuando... tampoco estaría mal.

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