El penúltimo raulista vivo

Las dos maneras de difundir la luz

Decía el escritor y filólogo chino Lin Yutang que hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja. Del mismo modo, también existen dos formas distintas de ganar un partido de fútbol... jugando al ataque, llevando la iniciativa, siendo generoso en el esfuerzo o bien replegándote atrás, jugando al contragolpe y cediéndole descaradamente el balón al rival esperando la ocasión de sorprenderle. La Real Sociedad de Alberto Ormaechea, por ejemplo, ganó dos Ligas defendiéndose con un rigor espartano y aprovechando la velocidad de López Ufarte y la inteligencia de Jesús Mari Zamora, pero la Real podía permitirse el lujo de jugar de aquella manera porque para sus aficionados ya era suficiente con que el equipo estuviera en lo más alto de la clasificación. En España sólo hay dos equipos que, por su historial y por su presupuesto, están obligados a ganar los partidos jugando bien al fútbol: Real Madrid y Fútbol Club Barcelona.

Habrá quien diga que una Liga es una Liga y lo mismo dan ocho que ochenta si al final se celebra el campeonato, pero yo creo que no fue lo mismo la Liga número veinticinco que el Real Madrid consiguió con John Toshack, otro bon vivant, en el banquillo, aquella del récord de goles y el fútbol directo, que la Liga número treinta que el Real Madrid obtuvo con Fabio Capello al frente, la de la táctica del murciélago y las salidas al contraataque. De acuerdo que Mijatovic pensó en un entrenador que pudiera ganar aunque fuera atentando contra la centenaria historia del club, y que probablemente lo hizo puesto que el Real venía de varios años de sequía, pero aquella Liga no tuvo el valor de la lograda por el equipo de Toshack ni tampoco el de ninguna de las conseguidas por la Quinta del Buitre. La decisión de prescindir de Capello fue acertada, del mismo modo que también ha sido correcta la decisión de poner a Schuster de patitas en la calle.

La Liga que, si no hay ningún equipo que lo impida, va a ganar el Barcelona con Pep Guardiola sí está a la altura de lo que se le exige a un club grande. Hay dos maneras de difundir la luz pero Guardiola, que conoce bien la casa, sabe que el Barça sólo puede ser la lámpara que la emite. Tras su victoria ante el Villarreal, el líder acaba de protagonizar el mejor arranque liguero de toda la historia de la competición, igualando los números del Madrid de la temporada 1960-61, con Miguel Muñoz en el banquillo, si por aquel entonces la victoria hubiera valido tres puntos como sucede ahora. Que el Madrid haya tenido que recurrir ahora mismo a un técnico como Juande Ramos, mucho más cercano al concepto que del fútbol tiene Capello que al que representa el propio Guardiola, o que acabe de fichar a un jugador como Lassana Diarrà, es sólo comprensible en clave de desesperación, la que ha suscitado Schuster con su absoluto desinterés por el trabajo bien hecho y su forma arrabalera de aproximarse al club que le pagaba.
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