El penúltimo raulista vivo

La veleta

Dice Emilio Butragueño que él percibe que al Real Madrid se le quiere cada día más. A mí me parece que al Real Madrid tienen que quererle los madridistas, que por cierto son legión. Desengañémonos: en el fútbol hay pocos "neutrales", aficionados que vayan al campo exclusivamente por el placer de ver un buen partido y que, en función del buen juego, se decanten por uno u otro. Hace tiempo que me inventé lo del "síndrome Hugh Hefner" para definir lo que le sucede al antimadridismo: casi todo el mundo querría poder pasearse con una bata de guatiné por su mansión, rodeado de chavalas imponentes y muchísimo más jóvenes que él, pero eso sólo puede hacerlo una persona en el mundo, el dueño de la revista Playboy. Es lógico que haya mucha gente que no quiera al Real Madrid o que pretenda pasarle factura por sus 31 Ligas o sus 9 Copas de Europa; yo no le daría demasiada importancia e intentaría centrarme en los míos.

Cambiando de tercio. Anoche me pregunté en voz alta en Futboleros qué había hecho Jorge Valdano por el Real Madrid a lo largo de todos los años que ha estado en el club. "Muchas cosas", fue la respuesta. "¿Cuáles?... ¿Qué cosas?", repregunté. "Muchas". Pues vale. La pregunta no era retórica y prometo que me movía un sano ánimo de conocimiento y de aproximación a la verdad. Me habría gustado que me dijeran que fichó a aquel jugador al que pretendían el Barcelona y el Manchester por menos dinero del que pagaban cualquiera de esos clubes, que había descubierto a un entrenador desconocido que luego había dado un gran resultado al Real Madrid o que había reorganizado al club por dentro. Yo quería datos, nombres, cifras, y la respuesta fue una evasiva: "muchas".

Ahora leo que Jorge dijo ayer que él no fue el único responsable de la salida de Del Bosque. Bueno es saberlo, más aún teniendo en cuenta que estas declaraciones llegan con ocho años de retraso y que, durante todo este tiempo, se ha estado responsabilizando en exclusiva a Florentino Pérez de la no renovación del actual seleccionador. Ya imaginaba que en un club tan potente como el Real Madrid, y por muy presidencialista que éste sea, las decisiones de calado no las toma una sola persona sino que se consensuan entre varias. Valdano no fue el único que dijo que no había que renovar a Vicente del Bosque, pero probablemente sí fue el único ejecutivo profesional que votó a favor de un cambio de rumbo. Puede que lo más sencillo en aquel momento fuera girar cual veleta en la misma dirección en la que soplaba el todopoderoso Florentino. Años más tarde, cuando el elegido resultó ser uno de sus grandes enemigos futbolísticos, volvió a repetirlo. No fue Mourinho quien traicionó a Valdano, no, fue Valdano quien se traicionó a sí mismo.

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