El penúltimo raulista vivo

La tesis de un equipo grande

Pareciera como si el único encargado de darle vidilla a la Liga fuera el Real Madrid, que está como los ejércitos de Napoleón en Rusia, dando bajas federativas a troche y moche, fichando en diciembre lo que no se trajo en junio y con los futbolistas llegando con muletas a la comida de Navidad. De acuerdo que el Madrid -o, para ser exacto, Calderón y Mijatovic- ha hecho las cosas rematadamente mal, y que Schuster, la momia de Amenofis IV hecha entrenador, ha dejado al equipo hecho unos zorros; fruto de la improvisación y la mala suerte es precisamente la distancia que el equipo de Pep Guardiola ha metido con respecto al sexto clasificado, que es el Real. Porque no conviene olvidar que el Madrid no es ahora mismo segundo o tercero sino sexto, y sin embargo sigue exigiéndosele al sexto clasificado que meta en cintura al nuevo dream team. Convendría recordar que, al fin y al cabo, el Madrid ganó las dos Ligas anteriores y, aunque sólo sea por estadística, es imposible que las gane todos los años.

¿Qué hacen Valencia y Sevilla por meterle una guindilla a la Liga? ¿O el Villarreal? ¿Y el Atlético de Madrid? ¿O es que esos equipos no son grandes? ¿O es que esos clubes aceptan de buen grado que el campeonato español se convierta en un mano a mano entre Barça y Madrid? Un año tú, al siguiente yo, otro tú, otro yo, otro tú, otro yo... Doce puntos son muchos, una barbaridad, pero ocho tampoco son moco de pavo, nueve no están nada mal y once ni les cuento. Y, sin embargo, cuando le preguntan a Juande Ramos, un recién llegado, si él firmaría acabar como segundo la Liga, él dice rotundamente que no, y añade que el Real Madrid, al que lleva dirigiendo siete días, es el único equipo del mundo capaz de remontar esa diferencia de puntos. A Unai Emery, que tiene a su equipo a ocho puntos, le preguntan más o menos lo mismo y responde que el Barcelona es sin lugar a dudas el gran favorito para ganar la Liga.

Está tan mal el Madrid que el sábado tuvo que debutar en el Camp Nou, con notable éxito por cierto, Palanca, un chaval de la cantera. Del Castilla pasó directamente a jugar contra el Barcelona en uno de los partidos decisivos del campeonato. Al Real le iban a meter cinco porque, a las bajas de Diarrá, De la Red o Van Nistelrooy, había que sumar las de Robben, Marcelo, Pepe o Sneijder, a quien se forzó y hubo de ser retirado del campo. A Juande le echaron en cara que actuara como un equipo pequeño aquellos que ardían en deseos por ver reeditada la manita de Romario, Stoichkov, Laudrup y compañía. Decía Eto'o que da igual ganar al Madrid por 1-0 y gol en propia puerta que por 5-0, pero él sabe que eso no es cierto. Por otro lado, el Villarreal de Pellegrini parece que se conforma con ser la eterna promesa y en el Atlético de Madrid, el tercer equipo de España por títulos, se dan con un canto en los dientes por haber superado en la clasificación al Real por primera vez en los últimos ocho años. Así las cosas, con el barcelonismo celebrando la Liga y el resto aplaudiendo, yo estoy cada vez más con la tesis de Juande Ramos: no hay que firmar la segunda posición. Esa es la tesis de un equipo grande.
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