El penúltimo raulista vivo

La Tarara de Sergio Ramos

Para que no se malinterprete lo que diré al final, quiero que quede claro desde el principio lo que pienso sobre Sergio Ramos: creo que, si no lo es ya, se convertirá sin duda en el mejor defensa del mundo, un futbolista de una pieza, uno de esos jugadores que tienen la rara virtud de excitar a la grada del estadio Santiago Bernabéu, cuestión esta que, a lo largo de la historia, ha estado al alcance de un grupo muy selecto de futbolistas. Ramos vivirá bien y jugará feliz vistiendo la camiseta blanca porque cuando el tendido del 7 del Madrid, que en el Bernabéu da la vuelta completa al campo, decide acoger a un jugador, lo hace sin titubeos, perdonándole casi todo. Ahí está, sin ir más lejos, el caso de Juanito, recordado domingo a domingo y eso que murió hace quince años. La afición del Madrid tiene memoria de elefante y no olvida los servicios prestados, de forma que, si Sergio Ramos lo hace como hasta ahora, el defensa andaluz no tendrá ningún problema para vivir en Madrid como Barry Gibb lo hace en la mansión que Johny Cash tenía en Tennessee, a cuerpo de rey.

Por otro lado, quiero decir que nunca he entendido los "pactos de no agresión" entre clubes profesionales de fútbol que, por otro lado, no hacen luego otra cosa que agredirse, por supuesto deportivamente. ¿No quiso Gil a Futre? ¿No quiso Núñez a Maradona? ¿No ha querido, hasta hace bien poco, porque ahora ya no tiene sitio en el Madrid, Calderón a Kaká? ¿Cómo habríamos de entender todas esas operaciones, como carantoñas de unos clubes hacia otros? Florentino Pérez quiso a Figo y lo fichó, y creo que Gaspart no se lo tomó demasiado bien. El fútbol es un mercado y, como en todos los mercados, lo que manda es la ley de la oferta y la demanda. Florentino también quiso a Ramos: pagó lo que, según Del Nido, valía, y se lo trajo. ¿Habría contratado Florentino a Ramos si éste no hubiera querido salir del Sevilla?... Nunca. Para que Ramos fichara por el Madrid hubo de darse una doble circunstancia, a saber: que el Real tuviera en la caja los veintisiete millones de euros que valía el futbolista y que Ramos quisiera salir del Sevilla para venir al Real Madrid. Porque, al final de la escapada, el jugador siempre tiene la última palabra.

Cuando le preguntaban a Silvio Berlusconi por el interés madridista por Kaká, el presidente del Milan se limitaba a exhibir una amplia, inquietante e inamovible sonrisa; lo hacía porque, después del estiramiento de piel que le perpetraron, Berlusconi siempre sonríe, aunque le den la peor de las noticias, y porque tenía el convencimiento de que Kaká no quería salir del Milan. Ahora, presuntamente, Berlusconi quiere devolverle la moneda a Calderón mostrando un inusitado interés por hacerse con los servicios de Ramos y saltándose a la torera no sé qué pacto de no sé dónde. Sergio firmó una cláusula de rescisión de contrato de 150 millones de euros, pero cualquiera sabe que nadie pagará nunca semejante cantidad de dinero por un futbolista y que si el jugador quiere irse no habrá pactos, cláusulas o murallas de China que le retengan. Por lo tanto, el quid de la cuestión es exclusivamente uno: ¿querría irse Sergio Ramos al Milan si el Madrid no le pagara la millonada que sí parece dispuesto a abonar el sonriente (a la fuerza, por lo del estiramiento) Berlusconi?... Esa es la única pregunta. Porque, tal y como yo lo veo, por mucho que Sergio Ramos pueda ser, si es que no lo es ya, el mejor defensa del mundo, al Real Madrid, que ya le revisó el contrato en julio, no pueden estar tocándole todo el día la Tarara.

Dicen que Ramos cobra poco, pero a lo mejor lo que sucede es que los demás están cobrando demasiado, no lo sé. Tal y como yo lo veo, y me precio de conocer algo a la afición del Madrid, a Sergio sólo le puede truncar su carrera deportiva en el Real la fama, justa o injusta, que otros le pongan de jugador pedigüeño. El, o quienes le representan, tendrían que ser los primeros interesados en dejar claro, de una vez por todas, que ni siquiera mil Silvios Berlusconis con sus mil liftings a cuestas le van a sacar del Real Madrid porque él tiene decidido jugar siempre en ese club, le suban o no le suban, le mejoren antes o lo hagan después. El Madrid ya hizo por él un esfuerzo que luego ha hecho por muy pocos, y no me cabe la menor duda que le doblará la ficha cuando haya ganado las seis Copas de Europa que conquistó don Francisco Gento. Aquel, y otros como él, sólo subían por la banda, no tenían representante ni falta que les hacía, no sabían dónde quedaba el despacho del presidente y firmaban en blanco sus contratos. Y si, por una de esas extrañas casualidades que tiene la vida, alguno de aquellos jugadores emblemáticos daban al fin con Bernabéu y le pedían un aumento de sueldo, acababan cantando la Tarara, sí, pero en el idioma de Dante.

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