El penúltimo raulista vivo

La soledad de la afición atlética

Cómo será la crisis rojiblanca que hasta Enrique Cerezo, que tenía dos películas entre las cuatro candidatas al Goya, se quedó compuesto y sin novia, aplaudiendo con desgana desde su butaca a los ganadores, unos señores que, nada más escuchar La soledad de labios de Alejandro Amenábar, se llevaron las dos manos a la cabeza, dando a entender que ellos habían ido allí como simples figurantes, extras quizás de Las trece rosas,  y que sabían que sus posibilidades de ganar eran bastante remotas. A Cerezo, que aguantó como un campeón hasta la una de la madrugada las chorradas de un tal Corbacho, le pasaron por la izquierda y por la derecha, por arriba y por abajo, y acabó viendo cómo un señor con cara de asombro, ojos como platos y ambas manos pegadas a la cabeza, daba las gracias a la Academia y luego recogía el premio con la boca. Se esfumó el cincuenta por ciento del presidente atlético.

Como le ocurre a su presidente, el Atlético de Madrid también necesita más de un cincuenta por ciento de posibilidades para que las cosas le salgan razonablemente bien, y no me extraña teniendo ahí a ese director deportivo. La rueda de prensa que ofreció García Pitarch el pasado viernes fue una burla, un vodevil, un número musical, una comedia picante pero sin picante con la que sazonarla, una verdadera tomadura de pelo y una pérdida de tiempo. Pitarch, más preocupado por preguntar de qué medio procedían los periodistas que preguntaban que de comprarle un perro lazarillo a Cléber Santana, como dice María José Navarro, o de instruir a Pablo sobre el complicado arte de la colocación de un defensa central, no asumió ni un sólo error, ni uno sólo, porque, según él, nunca ha fallado. Lo cierto es que, tras el empate de ayer ante el Murcia, el Atlético cae a la quinta plaza, fuera de los puestos de Champions League.

A Cerezo le pasó por la izquierda La Soledad  y al Atlético, en una de las Ligas más baratas que se recuerdan en los últimos diez años, acaban de pasarle por la derecha Espanyol y Villarreal. Y esta vez no valen las excusas porque la inversión económica ha sido enorme. ¿Cómo puede decir un director deportivo del Atleti que su objetivo no es quedar cuarto sino tercero? ¿Así que su objetivo es quedar tercero después de haber invertido cerca de 90 millones de euros en jugadores? Cuando uno tiene como objetivo quedar tercero suele acabar sexto y es que, además, alguien del club tendría que haberle aconsejado que no dijera cosas como esas. Para soledad, soledad, pero soledad de la buena, la de los aficionados rojiblancos que ven como, otra temporada más, se van esfumando las posibilidades de hacer algo realmente grande. Pero no pasa nada, y si pasa se le saluda.
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