El penúltimo raulista vivo

La salud es lo primero... y la dignidad lo tercero

"La salud es lo primero", afirmó el otro día Vicente del Bosque al ser preguntado por la inexplicable ausencia de Diego Costa. Y luego el seleccionador, aduciendo una misteriosa cita, se dio a la fuga para no tener que responder a un periodista de La Sexta si él estaba o no de acuerdo con la consulta ilegal del 9-N: "Luego, si quieres, me preguntas en privado". Pero ya digo que Privado debía ser un pueblo de Alaska a cientos de miles de kilómetros de la Ciudad del Fútbol porque, una vez finalizada la rueda de prensa pública, lo que en privado le dijo Del Bosque al colega de la prensa fue... que tenía una cita. Ineludible, como todas. La salud es lo primero y la dignidad lo tercero; lo segundo es la cara dura y lo cuarto un estómago a prueba de bombas fétidas, las que lanza Piqué.

Pero volvamos con Costa, cuya salud estaba en cuestión. Diego resucitó momentáneamente en Anfield para pegarse de estacazos durante 90 minutos con un maderero eslovaco de 1 metro y 91 centímetros (doce más, por ejemplo, que Facu Campazzo, jugador del Real Madrid de baloncesto) llamado Skrtel. Una fotografía resume a la perfección la batalla que se libró entre el central y el delantero: Costa, que aprieta los dientes, retuerce con su brazo izquierdo la cabeza del defensa, al que parece querer extraer el ojo de la cuenca, mientras que con el derecho agarra el brazo diestro del pobre jugador red. Eso sí, tras luchar en el barro con Skrtel e incluso marcar un gol para el Chelsea, Diego ingresó rápidamente de nuevo en la habitación número 115 del Royal London Hospital Trust para continuar con su cura, que coincidirá justo con los dos partidos que deberá disputar España.

Con quien sí se cumplirá sin embargo el protocolo es con Cesc, que está verdaderamente lesionado y a quien se hará viajar hasta Madrid para ser examinado por los doctores de la federación, los mismos doctores a los que bastó una llamada telefónica para darle la baja a Costa. Pero, tal y como aventuré aquí mismo hace algunos días, el periodismo deportivo español lo tiene claro: el culpable es Mourinho, a quien hoy llega incluso a compararse con Artur Mas. Estoy seguro de que Costa estaría hoy en Madrid si Mou fuera el seleccionador español y, ya puestos, parece también bastante probable que la pantomima del 9-N no se hubiera celebrado con él en La Moncloa. No sé, es posible que Expaña se merezca el seleccionador que tiene, uno que huya a la carrera para no tener que responder si está de acuerdo con la consulta, uno que se asuste al ver el meñique del portugués asomando por la puerta. Porque ya sabéis, queridos niños, niñas y niñes, que la salud es lo primero... y la dignidad lo tercero.

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