El penúltimo raulista vivo

La risa floja del barcelonismo

Hay en el frontispicio de la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York una frase atribuida a Eleanor Roosevelt que dice lo siguiente: "En vez de maldecir las tinieblas, enciende una vela". Claro que ella lo decía por algo muy diferente, pero el valor de la frase, que aunque atribuida a la esposa del trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos de América puede que formara como casi todas parte del extensísimo refranero chino, es perfectamente aplicable al momento deportivo que vive el Real Madrid, a 13 puntos en la Liga de su máximo adversario deportivo, con inesperados sufrimientos en Copa y pendiente de la bondad del sorteo que la Champions le depare el jueves que viene. Yo, que mañana cumplo los 50, ya he vivido otros episodios como éste, instantes que se han querido revestir de tragedia griega cuando, en el fondo, el circo del fútbol se aproxima mucho más a Aristófanes que a Esquilo. Y es ahora cuando viene a colación la frase de la señora Roosevelt, es ahora cuando el madridismo debe encender una vela.

Es normal que aquellos que le negaron a José Mourinho el pan de los 121 goles y la sal de los 100 puntos en Liga aprovechen el mal momento deportivo que vive el equipo (porque es innegable que lo vive) para torpedearle. Lo he visto otras veces. Y es lógico que la afición del Camp Nou le grite "¡Mourinho quédate, Mourinho quédate!" al hombre que impidió que el Barcelona jugase una final de la Champions en el estadio Santiago Bernabéu (el sueño húmedo de Laporta), y lo hiciera además con un Inter con diez hombres y un equipo notablemente inferior al culé. Es normal que los barcelonistas clamen porque Florentino renueve de por vida a Mourinho teniendo en cuenta que en dos años el portugués ha logrado arrebatarle una Liga, una Copa y una Supercopa al mejor Barcelona de la historia según todos los especialistas consultados y ha conseguido desesperar tanto a Guardiola (Guillem Balagué dixit) como para que éste huyera fuera de España. El "¡Mourinho quédate!" de la afición culé no es en el fondo más que la risa floja que le entra al hombre que se ve encañonado de repente por una Magnum 44.

En España Mourinho ha hecho amigos (muy pocos) y enemigos (un montón). Éstos últimos los ha hecho en ocasiones con razón y la mayoría sin ella. El lamentable episodio del dedo en el ojo a Vilanova o el más reciente con un periodista de Radio Marca no ayudan a la defensa del entrenador del Real Madrid, un extraordinario estratega dentro del campo y fuera de él pero que a veces pierde tan exageradamente los estribos que dilapida la razón. Lo sucedido el otro día con Antón Meana, tan sólo unas horas después de que Florentino Pérez se hubiera mojado por él más de lo que lo haya hecho nunca un presidente del Real Madrid por su entrenador, demuestra el estado de tensión permanente en el que vive el técnico más aseteado del mundo, sí, pero le deja en muy mal lugar. El equipo blanco está a 13 puntos del Barcelona porque el líder de la Liga lo ha ganado todo salvo precisamente el partido contra el Madrid, porque el Real no acaba de funcionar y porque, según el informe de Futboleros de hace una semana, el primero lleva 6 puntos más de los que le corresponden y el tercero 6 menos. Pero no sirve para nada maldecir las tinieblas, que siempre estarán ahí, y lo que requiere ahora la situación es encender una vela. Y la feliz solución llegará, como siempre desde hace más de un siglo, más pronto cuanto mayor sea el temple que club, entrenador, jugadores y afición empleen a la hora de hacerlo.

A continuación