El penúltimo raulista vivo

La responsabilidad del héroe

Me piden que escriba sobre Nadal. Y citando de nuevo una de las frases de El Mejor diré que si el autor de la Ilíada y la Odisea hubiera podido viajar estos días hasta Australia y su lazarillo fuera capaz de contarle las batallas libradas por el mallorquín, primero contra Verdasco y más tarde contra Federer, no albergo ninguna duda de que habría escrito sobre ellos. Me piden que escriba otra vez sobre Nadal y yo, sin embargo, sólo tengo palabras para la pena y las lágrimas que ahogaron al mejor tenista de la historia tras verse otra vez abatido en la final de un torneo del Grand Slam. Que son, por cierto, exactamente la misma pena y las mismas lágrimas de rabia y de impotencia que sacudieran a Julio César Chávez, uno de los diez mejores boxeadores de toda la historia, cuando, semiretirado y de homenajes por Estados Unidos, hubo de abandonar una pelea porque se le rompió la mano durante una exhibición. Chávez junior fue testigo de aquella emotiva escena.

Siempre hemos estado necesitados de héroes, y ahora más que nunca. Y el héroe por excelencia de nuestra época es el deportista de élite. Nos vemos reflejados en ellos, les tenemos cerca, damos testimonio de sus gestas y presumimos de ellas como si nos pertenecieran. Y puede que en el fondo sí nos pertenezcan un poco porque reflejan lo bueno que también somos capaces de hacer entre tanta maldad y tanto cinismo. Admiramos a nuestros héroes y les ponemos como ejemplo de virtud porque en un revés cruzado de Federer sólo existe bondad y a través de nuestra fascinación pretendemos hacerles ver que somos plenamente conscientes de lo complicado que debe ser llegar hasta ahí. El dinero lo mata todo y sin embargo no todo es dinero. Federer querría poder marcharse a descansar tranquilamente y paradójicamente, a pesar de que ya tiene suficientes riquezas materiales acumuladas para él y para sus próximas veinte generaciones, no puede hacerlo porque su responsabilidad de héroe no se lo permite. Nos confiesa sin rubor que el dolor le está matando por dentro, somos testigos de cómo le consume y no podemos hacer nada por ayudarle.

Me piden que escriba sobre Nadal y sólo se me ocurre decir que Homero habría sido inmensamente feliz en Australia porque allí sólo hubo bondad, generosidad y responsabilidad en estado puro, y con todas esas virtudes pueden escribirse las más conmovedoras gestas. Hubo un instante incluso en el que llegué a pensar seriamente que, ante el hundimiento público de su rival, Nadal decidiría entregarle el trofeo conquistado con tanto esfuerzo. Algo de eso ha habido porque Rafa se ha convertido en el principal promotor de la entrega del premio Príncipe de Asturias a su amigo Federer. Pero que a nadie le quepa la menor duda de que Roger volverá, cual Odiseo, para intentar vencer nuevamente a nuestro héroe local. Otra ocasión magnífica para volver a resucitar a Homero, alquimista de dioses humanos, padre de Penélope y de Telémaco y creador de los lotófagos y los cíclopes. De haber estado presente en el Rod Laver Arena, el poeta de Quíos habría escrito sin duda sobre el tenis y sobre nuestros héroes de carne y hueso.
A continuación