El penúltimo raulista vivo

La regla número uno, y luego la dos

En su ánimo por exprimirle al futbolista hasta la última gota de zumo para luego poder ir presumiendo por ahí de que lo vendió por treinta veces más de lo que le costó, José María del Nido, quien sin duda tiene el mandato de defender los intereses del Sevilla hasta las últimas consecuencias, se ha convertido en una especie de subastero internacional. No es menos cierto que, gracias al indudable acierto de Monchi, un galáctico de los despachos, el club andaluz saca buenos jugadores hasta de debajo de las piedras, pero incluso Del Nido, que todavía sigue haciendo la digestión de la última Copa de la UEFA, tendría que haberse aprendido ya a estas alturas la regla número uno del fútbol mundial: "No podrás retener nunca a un futbolista en contra de su voluntad". En el caso de un jugador, la voluntad de irse, que puede parecer firme al principio, sólo puede reprimirse de un modo: más dinero. Ahí está Kanouté, decidido hace tan sólo dos meses a largarse a la Premier League y "retenido" hasta 2010 después de que el club pasara por el aro de sus exigencias económicas.

Claro que cumplir los deseos de crecimiento deportivo de sus jugadores más relevantes viene costando a las arcas del Sevilla un auténtico dineral. Así sucedió en su día con Reyes y luego volvió a pasar con Ramos. Ahora ocurrirá lo mismo con Alves, harto de ver cómo pasa el tren de largo una y otra vez por delante de su estación. Todo el mundo sabe que Alves jugará la próxima temporada en el Chelsea. Del Nido apura los últimos días de negociación intentando sacar mayor tajada, pero al final Alves se irá porque quiere crecer deportivamente y por el insignificante detalle de que Abramovich está dispuesto a pagarle seis millones y medio por cada una de las cinco temporadas que jugará allí. Teniendo en cuenta que el brasileño le costó ochocientos mil euros al Sevilla y que ahora puede ingresar por él cerca de treinta y cinco millones, convirtiéndose en el fichaje más elevado del mercado de verano, yo creo que Del Nido tiene que estar satisfecho.

A la larga, sin embargo, Monchi acabará teniendo un pequeño problema. Ahora venden caro y compran barato, y están haciendo magia con lo que tienen, pero al Sevilla ya no le quedan demasiados futbolistas por los que pedir treinta millones de euros. Tras sus éxitos, el equipo andaluz se ha hecho famoso; Monchi ya no es el director deportivo de un equipo desconocido sino el jefazo del actual campeón de la Copa de la UEFA y de la Copa del Rey. Todo dependerá de que las parabólicas de Víctor Orta continúen funcionando a destajo; dicen que él solito controla a más de dos mil jugadores de todo el mundo. El y Monchi trabajan para que Del Nido presuma. Esa es, por cierto, la regla número dos: "Jamás saques pecho durante demasiado tiempo y cuando te pregunten cómo estás, tú responde que sólo regular". Por si acaso.

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