El penúltimo raulista vivo

La pregunta del millón de dólares sobre Piqué que no vale ni un céntimo de euro

Dentro de muchos años, cuando haya pasado la pesadilla y todos veamos a los Puigdemont, Junqueras y compañía como lo que son, unos pobres hombres, este capítulo de la historia de España se escribirá con letras de oro, en algunos casos, y molde de barro en otras. Con letras de oro se escribirá sin duda la participación de la Guardia Civil y la Policía Nacional, incondicionales a la hora de protegernos de la sinrazón y el fanatismo. Con letras de barro se escribirá la decisión de los responsables de los Mossos de Esquadra de alinearse con los insurrectos, y la intervención de algunos medios de incomunicación al servicio del agitprop secesionista. Y, descendiendo al terreno de lo deportivo, se hablará para bien del comunicado oficial del Elche a favor de la ley, la Constitución y el Estado de Derecho y también de la actuación de los responsables de la Unión Deportiva Las Palmas cuando, el 1 de octubre, se negaron a darle tres cuartos al pregonero culé.

Contrasta la decidida intervención del Elche con el silencio generalizado del resto de clubes de fútbol de Primera, Segunda y Segunda B. De los de Primera, sólo Barça y Gerona se han posicionado, y lo han hecho del lado de los golpistas. En Primera son 20 equipos y en Segunda 22, así que de los 42 equipos que integran las dos principales divisiones del fútbol profesional español sólo se han manifestado dos, y en contra de la Constitución, mientras que el resto, o sea los otros 40, se han puesto de perfil, como lleva haciendo por cierto con este espinoso asunto la inmensa mayoría del periodismo deportivo desde hace más de cuatro lustros. No es que esos 40 clubes no tengan opinión sino que el fútbol se ha vuelto profundamente egoísta, hasta el punto de que muchos tienen como primer mandamiento de su particular interpretación de las cosas el anteponer el interés de la selección al de la nación a la que dice representar.

Por cierto, y hablando de la selección de España, ayer en el once titular de Lopetegui no estaba Piqué. Piqué sí jugó contra Albania el viernes y, como Silva, forzó la cartulina amarilla para así evitarse el engorroso viaje a Israel, con la clasificación matemática en el bolsillo: hay que preparar con tiempo el partido del Barça. El otro jugador que se encontraba en esta situación, que es Sergio Ramos, o fue menos pícaro que Piqué o no recibió instrucciones al respecto, y tuvo que viajar. Cuando pasen todos esos años a los que hacía referencia antes, a Gerard Piqué también le veremos todos como lo que es. Yo le veo como lo que es hace tiempo, y no porque sea más listo sino porque soy como un búho y me fijo mucho. ¿En qué me fijo?... Pues me fijo, por ejemplo, en que Piqué fue el 1 de octubre a meter un papelajo en una urna de mentira pero ayer no se le vio en la multitudinaria manifestación que inundó las calles... ¿de dónde? ¿Las calles de Osaka? ¿Las calles de San Francisco? ¿Las de Monterrey?... No, no, qué va: a Piqué no se le vio en la manifestación que discurrió por las calles de Barcelona, de su ciudad.

El defensa central del Barça sí sacó tiempo, y además en día de partido, para colaborar el 1 de octubre en un acto ilegal e inconstitucional, pero no lo tuvo sin embargo para pasarse, aunque fuera sólo un minuto, por el acto celebrado el domingo. Claro que la manifestación de hace dos días era a favor de la legalidad y de una España unida y la del 1-O era a favor de los golpistas. "Esa es la pregunta del millón pero no te la voy a contestar", le dijo el otro día Piqué a Matías Prats en una de las dos preguntas interesantes que se le hicieron al jugador. Si la pregunta "¿Eres independentista?" valiera verdaderamente ese millón de euros, y aunque Piqué ya tiene muchos, es probable que la hubiera respondido. El problema es que la respuesta a esa pregunta no vale ni un céntimo de euro porque se sabe qué es Piqué. Mateo 7:20: "Así que por sus frutos los conoceréis". Por sus frutos conocemos a Piqué salvo, por supuesto, aquellos que cierren los ojos adrede o simplemente odien la fruta.

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