El penúltimo raulista vivo

La pelota está en vuestro tejado... marcianos

Ayer, y al ser preguntado por la marcha de Gareth Bale del campo antes de la finalización del partido, Toni Kroos, que ha recuperado el tono de su mejor fútbol y que no sabe lo que es irse antes porque siempre va convocado, casi siempre juega y casi nunca se lesiona, apeló a la norma que permite hacer mutis por el foro del campo veinte minutos antes de que acabe el partido a aquellos jugadores que no están convocados o se encuentran lesionados. Y así es, al parecer existe efectivamente dicha norma que rubricaron en su día el presidente, el entrenador y todos y cada uno de los futbolistas a la hora de estampar su firma en el contrato que les une al mejor club deportivo de la historia. Pero, querido Kroos, el Real Madrid es lo que es hoy porque una generación entera de directivos y de futbolistas, encabezados los primeros por don Santiago Bernabéu y los segundos por don Alfredo di Stéfano, se saltaron a la torera las normas. Dani Carvajal, que si Dios quiere acabará siendo más pronto que tarde el primer capitán del equipo, dijo que él, llegado el caso, se ajustaría también a la norma y, como le pasa a Bale, se iría del campo en una situación similar porque así se lo permite la norma. La norma, otra vez la norma. La maldita norma. Y yo os digo lo siguiente: no faltéis más al respeto al mejor y más grande futbolista que ha habido y habrá, no faltéis más al respeto a Alfredo di Stéfano porque a él, por mucha norma escrita y mucho niño muerto, jamás se le ocurriría irse del campo sin saber el resultado final del partido que están jugando sus compañeros de equipo. De su equipo.

Ya lo sé: ayer, y antes o después de que lo hiciera Bale, también se fueron Nacho, Mariano u Odriozola. Y si James se quedó hasta el final, como por cierto hizo también Vinicius, fue por el simple hecho de que llegó al Bernabéu casi con el control cerrado y compensó su tardanza al principio aguantando hasta más tarde. Pero el compromiso de Nacho no está en cuestión ni nadie está esperando con una cámara al hombro a Nacho para captar su salida. Ni importa tampoco lo que haga Mariano. Y si Odrizola se va una hora antes en vez de hacerlo esos veinte minutos que le permite la norma, nadie le va a echar desafortunadamente de menos. No es que no sea importante, que lo es, es que pasará desapercibido. Si yo tuviera 23 años y llevara toda mi vida soñando con vestir la camiseta del Real Madrid y el Real Madrid me fichara con 21 de la Real Sociedad no sólo no me iría del campo veinte minutos antes sino que me quedaría todos los partidos dos horas más y luego besaría el cesped, pero yo no soy Odriozola. Vaya usted a saber lo que pasará por esa cabecita.

El asunto es que Rodrygo Goes tiene una pintaza tremenda y parece que el Real Madrid ha acertado con este JASP, Joven Aunque Sobradamente Preparado. Anoche echó abajo la puerta del primer equipo y, si sigue así, a Zidane no le va a quedar otro remedio que alinearlo. El caso es que parece que, al fin, con la incorporación del citado Rodrygo y la inclusión de Fede Valverde en el centro del campo, Zizou ha dado con la clave y ha encontrado su once tipo. La verdad es que el Real Madrid, que lleva cuatro partidos seguidos sin encajar ni un gol, dio un golpe encima de la mesa en Europa, dijo "aquí estoy yo" y firmó un partido redondo. Y el problema es que, nada más acabar el partidazo en el que se confirmó que Rodrygo puede devenir en futbolista importante, que Valverde ayuda a que Kroos mejore y que Zidane dio con la tecla, el periodismo le preguntó de nuevo al entrenador por la marcha del campo de Gareth Bale. Ojo, no la de Nacho, ni la de Mariano, ni la de Odriozola, que a nadie le importa una higa, sino la de Gareth Bale. De modo que no soy yo quien empaña o deja de empañar sino, y por este orden, el futbolista y, ya por encima, el entrenador y el presidente que consienten que un jugador que está señalado y en el punto de mira de la afición del Real Madrid siga haciendo de su capa un puñetero sayo.

Este club, como decía, es hoy lo que es porque una generación entera de directivos y de futbolistas no sólo no se fueron veinte minutos antes sino que se marcharon dos horas después. No me habléis de normas ni de reglamentos ni de cartas, no manchéis, por favor os lo pido, la memoria del gran Di Stéfano con estas milongazas. Todo ha cambiado, sí, y en mi opinión casi todo para mal. También el fútbol. El fútbol ha cambiado para peor. Hay mejores balones, botas de muchas marcas, camisetas térmicas y los estadios son más confortables... pero, ¿y el corazón? ¿Dónde está ese corazón tan blanco que reclamaba el merenguísimo Javier Marías?... Sin la gente, el fútbol no es nada, cero, no existiría. Y, en el caso concreto del Real Madrid, sin la comprensión por parte de algunos futbolistas de que existen normas que no están escritas en un papel pero que son más importantes incluso que aquellas que sí se firman, no habrá nada que hacer. Por mi parte, y desde hoy, doy por cerrado para siempre este asunto porque trataré a todos, y no sólo a Bale, como lo que son, auténticos marcianos, extraterrestres que viven en otro planeta mental. "The economy, stupid", "la economía, estúpido", escribió James Carville como lema de la campaña de Bill Clinton, que acabó ganándole la presidencia a George Bush padre. Lo que quería decir en realidad el asesor presidencial es que, al final, lo que le interesa a la gente son las cosas cotidianas del día a día, sus necesidades más inmediatas, lo más sencillo, que a veces resulta lo más complejo. Pues aquí "es la imagen, estúpidos", la mala imagen que transmitís al exterior esperando como criajos a que el profe acabe la clase para salir corriendo al patio del colegio. Empañáis vosotros, no yo. Empaña quien lo consiente, no la prensa. La pelota está en vuestro tejado... marcianos.

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