El penúltimo raulista vivo

La pasión está en las gradas

Hay que ver cómo disfrazamos las palabras y cómo, cada vez más, no tiene tampoco valor la palabra dada. Hace una semana, por poner un ejemplo, se hablaba del 'desgaste' de Sergio Ramos; se hablaba del desgaste por no hacerlo directamente del asunto que había llevado al capitán del Real Madrid, a su hermano y al abogado de ambos al despacho de Florentino Pérez. No era el desgaste sino el dinero, y luego, cuando Sergio dijo que él jugaría gratis, esa frase pasó absolutamente desapercibida por la sencilla razón de que todos sabíamos que estaba mintiendo. Sabíamos que Ramos estaba mintiendo cuando dijo que él jugaría gratis, del mismo modo que sabíamos que mintió cuando esgrimió el desgaste como posible razón de su salida del Real Madrid.

Pero no es sólo Sergio Ramos. Como todo lo que sucede en el Madrid eclipsa al resto está sucediendo que la situación del Atlético de Madrid, la marcha de Godín, el fichaje de un defensa de 30 años por tres temporadas, el adiós de Juanfran, la fuga de Lucas o la de Griezmann está pasando desapercibida. Es más, de la necesidad se está haciendo virtud y ya no sólo no importa que tu jugador franquicia se vaya (aún no se sabe dónde, se intuye que al Barcelona) sino que supone un alivio para las arcas del club, que así podrá reforzarse; a Simeone, que un viernes apostaba por su delantero como el mejor del mundo y gran capitán y un lunes se enteraba de que se iba, no le sorprendió la noticia, no, qué va; y, además, al Cholo no le va a venir mal porque con esos 120 millones y los 80 de Lucas más la marcha de los otros jugadores no sólo no se desmantela un proyecto sino que arranca uno nuevo: las palabras.

Mira que me cae bien Rodri y mira que pienso que es un futbolista extraordinario, pero, ¿por qué hablar de cariño o de comodidad cuando estamos hablando de dinero? ¿Por qué no admitir simplemente que el City ofrece más? ¿O por qué no decir que, con Simeone en el banquillo, Rodri ha estado más perdido que un pulpo en un garaje? Con Oblak pasa lo mismo: "Mientras la ambición del Atleti sea igual a la mía, seguiré". Suena a amenaza, ¿no creéis? ¿Cómo que mientras la ambición del Atleti sea igual a la tuya? Tu ambición, querido Jan, es la misma que la del Atleti, una ambición máxima; como tú, el Atleti también quiere ganarlo todo; pero tú, admirado Oblak, no te has quedado porque hayas deducido que el Atleti fichará bien sino porque el Atleti te ha mejorado tu contrato. Y, por cierto, el hecho de que, tal y como está el patio, tu cláusula haya pasado de 100 a 120 millones de euros, me parece que no cierra la puerta de salida sino, exactamente igual al caso de Griezmann, la deja entreabierta. Si el Liverpool pagó 73 millones por Alisson y el Chelsea 80 por Kepa, ¿quién nos asegura que el modesto City del aún más modesto Guardiola no vaya a pagar 120 por ti? ¿Por qué Rodri habla de cariño y Oblak de ambición? Pues por lo mismo que Ramos lo hacía de desgaste, para evitar tener que contar la realidad.

Sería más fácil contar la verdad, que no es triste pero que tampoco tiene remedio, como dice la canción de Serrat. Sería más fácil decir que el fútbol ha cambiado tanto de veinte o treinta años a esta parte como para que seamos incapaces de encontrar en el mundo cincuenta futbolistas que sientan realmente los colores. Qué digo cincuenta, diez futbolistas. Se apela a la brevedad de la carrera profesional y eso es cierto y no lo es porque la brevedad es similar a la de hace años pero los ingresos actuales se han multiplicado por diez, por veinte, por treinta. Existe, por supuesto, la otra cara del fútbol, la de la Segunda División B, la cara de la Tercera División; y no niego que sea complicadísimo llegar a lo más alto, estoy diciendo que, por el camino y mientras se escala, se pierde el sentimiento. Y, por cierto, también el sentido real de las palabras.

Los contratos no se firman para ser cumplidos sino para ser rotos, admitimos como justo que un jugador pida más por sus éxitos pero no que le den menos por sus fracasos, vivimos un fútbol en el que críos de diez años tienen representante y naturalizamos la mentira como habitual moneda de cambio. Y, entonces, ¿dónde quedó la pasión, dónde la fidelidad, dónde quedaron la lealtad y el cariño innegociable a unos colores? Está en la grada. La lealtad se sienta en la grada. Vosotros sois los leales. En una escena preciosa de la memorable El secreto de sus ojos, Pablo Sandoval le pregunta a un aficionado qué es Racing para él: "Una pasión", responde; "Aunque hace 9 años que no sale campeón", le devuelve la pelota. "Una pasión es una pasión". "¿Te das cuenta?", le dice a Benjamín Espósito, el personaje interpretado por Ricardo Darín, "el tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios, pero no puede cambiar de pasión". Jamás cambiés de pasión, ni se os ocurra hacerlo, porque, si lo hacéis, ese día habremos firmado el certificado de defunción del fútbol.

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