El penúltimo raulista vivo

La muerte en directo

Les prometo que hasta el otro día no tenía ni la más remota idea de que existía algo tan absolutamente absurdo como el Campeonato Mundial de Sauna. Mi primer contacto con esta actividad fue la sorprendente visión de un tío alto como una torre, un armario empotrado de cuatro por cuatro, al parecer el ruso Vladimir Ladyschenski, colapsado, con convulsiones y babeando, más rojo que un mejillón tras someterse a una temperatura superior a los 110ºC. A punto estuvo también de caer frito el otro finalista, el finlandés Timo Kaukonen, cinco veces campeón mundial; este último tuvo más suerte y no siguió el mismo trayecto que su rival ruso, de la sauna al hospital y del hospital directamente a la morgue.

Debe ser que, tal y como dijo en su día El Guerra, debe haber efectivamente "gente pa tó" puesto que, justo antes de que Vladimir saliera con la piel literalmente despellejada se vio en la grada a gente adulta aplaudiendo con sus palmitas; gente normal, gente que va al super, gente que lleva a sus niños al colegio por la mañana, gente que va al cine, gente corriente. Para no correr el riesgo de que la mamarrachada no se quedara sólo en el circuito cerrado de Heinola, un pequeño y amable pueblecito finés, el show acabó siendo transmitido a medio mundo, más aún después de que Ladyschenski palmara. El caso es que la muerte en directo vende un montón, y si es con convulsiones mucho más. Aplausos. Clap, clap, clap, clap...

Y sí, al final ganó el que más aguantó, así de fácil y así de idiota, un auténtico sinsentido, la mayor de las imbecilidades. Kaukonen al bollo y Vladimir al hoyo. les prometo que hasta el otro día no tenía ni la más remota idea de que existía algo tan absolutamente impresentable como un Campeonato Mundial de Sauna. Gente adulta encerrándose para sufrir los rigores de un calor artificial e inhumano, y más gente adulta rodeándoles, aplaudiéndoles, jaleándoles... Y luego dicen que José Tomás busca morir en la plaza. Y luego dicen que César Pérez de Tudela está mal por querer tumbar a la montaña. Y luego dicen... Sólo he entrado una vez en una sauna, desde ahora me lo pensaré dos veces.

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