El penúltimo raulista vivo

La medicina del Atleti

El Atleti probó anoche en Alemania de su propia medicina, de la que él suele ir repartiendo sin receta por los campos de España, y lo hizo además por dos motivos: porque el Bayer Leverkusen sacó la guadaña con descaro y porque el árbitro checo Pavel Královec colocó tan alto el listón de la "intensidad" que resultó imposible distingirla de la violencia pura y dura. Lo dije ayer con motivo del Elche-Real Madrid de Liga y lo repito hoy con motivo del Leverkusen-Atleti de Copa de Europa: si un equipo pega es sencillamente porque hay un árbitro que lo consiente y que por lo tanto está renunciando a hacer bien su trabajo. Y en O.K. Corral no sobrevive el que dispara mejor y más rápido sino aquel que lo hace de noche y por la espalda, conocedor de antemano de que o bien el sheriff está en nómina de los malos o bien es un pobre hombre sin personalidad... y está en nómina de los malos.

El Leverkusen pegó y el Atleti recibió porque, del mismo modo que los equipos acabaron pillándole el truco al Barça de Guardiola, en Europa empiezan a saber cómo hay que jugarle a Simeone. Por supuesto que el Cholo no dijo ni mu de la "intensidad" alemana, sólo faltaría; habría sido tan raro escuchar a Simeone quejarse de la dureza de un rival como ver a Vinnie Jones impartiendo un Máster sobre las buenas costumbres, urbanidad y cortesía sobre un terreno de juego, un auténtico dislate. Eso no quiere decir por supuesto que el Atleti no tenga rachas de buen fútbol o que no jugara bien ayer el Bayer Leverkusen, eso quiere decir que hay equipos a los que se les consiente más que a otros y que, a la larga, eso supone un perjuicio notable para aquellos que no emplean las mismas armas.

Además el partido nos dejó una escena protagonizada otra vez por el banquillo colchonero y que empieza a ser tan habitual como el sushi en Japón o la pasta en Italia. Si no fuera porque Peter Bruegel el viejo lleva casi quinientos años bajo tierra estoy convencido de que dibujaría a Simeone y a Germán Burgos armando trisca; ayer le tocó a Roger Schmidt, el entrenador del Bayer, a quien, al parecer, el Mono llamó "puto". Germán es, en el trato personal, un tipo encantador, ameno y tranquilo, un encanto, pero cuando se sienta en el banquillo se transforma... habitualmente para mal. El periodismo suele perdonarle a Burgos sus salidas de tono porque es simpático y porque tiene un grupo de rock alternativo que se llama The Garb, de ahí que cuando amenaza a alguien con arrancarle la cabeza lo haga, por supuesto, en un tono coloquial, tan coloquial como cuando alguien te dice en el ascensor eso de "pase usted primero". Por allí apareció también Simeone, y lo mejor de todo ha sido la explicación del entrenador del Atleti para meterse en la pelea: "No sé qué pasó pero Burgos es mi amigo". Seguro que ese gesto del Cholo será interpretado hoy por algunos como la cumbre de la solidaridad, Aitor Karanka sin embargo era un guiñol, un hombre sin personalidad, la voz de su amo.

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