El penúltimo raulista vivo

La mano floja

Tarde o temprano, gane o no gane, juegue mejor al fútbol o lo haga peor, sea más o menos simpático y tenga más o menos motivos para hacerlo, a todos y cada uno de los entrenadores del Real Madrid que a lo largo de la historia han sido les llega el "momento-reivindicación": "Hola, buenas tardes, me llamo Fulanito de tal y he ganado esto, lo otro y lo de más allá". A los entrenadores con menos historial les cuesta más revolverse puesto que no pueden sacar pecho (Benito Floro, por ejemplo, soportó las peores humillaciones) y los más exitosos lo hacen a las primeras de cambio. Es el típico "usted no sabe con quién está hablando" pero trasladado al mundillo del fútbol. Ayer le tocó a Carlo Ancelotti, convertido en presidente de su propio club de fans, sacar la banderita: "Con esta mano floja he ganado tres Champions". Y cuando un entrenador del Madrid empieza a defenderse reivindicándose a mí todo empieza a sonarme a despedida.

Y es aquí cuando vuelvo a encajar esa deliciosa anécdota que ya he contado otras veces y que en su día popularizó la película Traffic: cuando Nikita Kruschev tuvo que cederle su puesto a Leonid Brezhnev y el segundo le pidió al primero que le diera un consejo, el ya ex líder de la URSS le entregó dos sobres a su sucesor en el cargo: "Cuando empiecen a criticarle, que lo harán, abra usted el primer sobre y lea la carta. Cuando, transcurrido un tiempo, vuelvan a criticarle, haga lo mismo con el segundo sobre". Tal y como auguró Kruschev a Brezhnev tardaron poco en llegarle las primeras críticas, de forma que abrió el primer sobre y leyó la carta: "Écheme a mí la culpa de todo". Eso le sirvió durante un tiempo pero, al poco, arreciaron otra vez las críticas; desesperado, Brezhnev abrió el segundo sobre y leyó: "Vaya escribiendo dos cartas".

Si Ancelotti no pudo resistir ayer la tentación de exhibir en público sus tres Champions es únicamente porque empieza a estar harto y comienza a no comprender que se le cuestione a cada paso que da cuando resulta que hace diez meses ganó La Décima, hace siete consiguió la Supercopa de Europa y no hace todavía ni siquiera tres que estaba alzando el Mundial de clubes. Puesto que nadie lo hace por él, Ancelotti se vio obligado a reivindicar a Ancelotti, del mismo modo (aunque probablemente con estilos distintos) que Mourinho reclamó respeto para Mourinho apelando a sus triunfos pasados y presentes, lo que ocurre es que en el Real Madrid el pasado sabe siempre a poco, el presente no existe y el futuro deparará desgracias varias; la próxima, dentro de ocho horas en el nuevo San Mamés. ¿Estará Ancelotti escribiendo sus dos cartas?... No lo sé, lo desconozco, pero a mí su dulce reivindicación de marzo me sonó al tráiler de su despedida en junio.

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