El penúltimo raulista vivo

La hora de entrar a matar

Déjà vu. Pellegrini nos recuerda que el Real Madrid tiene no sé cuántos goles y una barbaridad de puntos y yo le recuerdo que eso es precisamente el Real Madrid desde muchísimo tiempo antes que él aterrizara en el banquillo blanco; Pellegrini nos recuerda que es imposible marcar tantos goles sin jugar por las bandas y con la "ley del embudo" y yo le recuerdo que más de la mitad de los partidos que ha disputado su equipo han sido un auténtico tostonazo y que, efectivamente, el atasco fundamental se ha producido por obligar a Ronaldo, Higuaín, Benzema, Raúl, Kaká o Van der Vaart, dependiendo de a quién tocara ese día, a coger la A-6 en hora punta; Pellegrini nos recuerda que tras el primer partido de Liga contra el Sevilla hubo quien quiso prejubilar a Marcelo y yo, que no estaba en ese grupo pero que sí asistí perplejo e impotente al toreo de Navas al brasileño, le recuerdo, aunque eso ya lo sabe él y tampoco es culpa suya, que Marcelo no es un mal jugador pero que no está a la altura de las necesidades del club que actualmente entrena.

Sí es verdad que el madridismo anda eufórico (la encuesta de Libertad Digital acerca de quién cree la gente que ganará el campeonato es buena muestra de ello) y que algo ha tenido que ver sin duda en este auténtico subidón de adrenalina la reciente eliminación azulgrana de la Champions. El madridismo está a rebufo pero eufórico, un punto por detrás de su eterno rival pero espídico, dependiendo hasta última hora de lo que haga o deje de hacer el Barcelona pero alborozado. Y Pellegrini, cuyo perfil se acerca definitivamente más al de Tristón que al de Leoncio el león, surfea en la ola de su éxito que, a día de hoy y salvo reunión de urgencia entre la FEF, el CSD y la LFP que yo reconozco desconocer para quitarle en los despachos dos puntos al equipo de Guardiola, consiste en estar casi siempre por detrás de un grandísimo y potentísimo adversario y, en el peor de los casos para los merengues, forzarle a ser campeón con 99 puntos. Por si no lo sabe, don Manuel, yo le informo: quedar segundo no está bien visto por aquí.

Pellegrini pasa sus recibos (puede que sean los primeros y los últimos) al cobro, mientras que tengo la sensación de que Guardiola retrocede y se pone en lo peor. Todo se habrá acabado si el Barcelona gana mañana al Sevilla, pero si no lo hace y el Madrid saca adelante su partido en casa contra el Athletic el vuelco en la Liga habrá sido considerable y el Real habrá pasado a depender de sí mismo, y ahí, a pesar de algún batacazo considerable, es donde mejor se mueve históricamente el Real. Perdonen que insista pero al Barcelona le desinfló el Inter y el Madrid y sus seguidores cogieron un impulso esencial para la recta final de la temporada al saber que Laporta no llegaría a tiempo a su cita con la historia. Igual suena a locura pero, después del mourinhazo, la Liga será, en caso de ganarla, casi, casi un torneo de consolación para los culés. Guardiola lo sabe y por eso juega con nosotros al escondite inglés con los años y con las temporadas para decirnos que ya han ganado tres títulos, aunque les hayamos dado poco valor, y que ahora intentarán conseguir el cuarto. Quién nos lo iba a decir: subidón de Pellegrini y bajonazo de Guardiola justo cuando llegó la hora de entrar a matar. Y Florentino tan tritranquilo.
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