El penúltimo raulista vivo

La gracieta de Españeta

Yo lo llamo el "síndrome Hugh Hefner". ¿Quién no ha querido alguna vez vivir en un castillo y rodeado de "conejitas" del Play Boy? El tal Hefner tiene ya 83 años y sigue paseándose por ahí con la bata de guatiné como si nada. Estuvo casado con Barbi Benton y Kimberly Conrad, y ahora sale con tres a la vez: Karissa y Kristina Shannon y Crystal Harris, sustitutas de Holly Madison, Kendra Wilkinson y Bridget Marquardt. Seguro que Hef, como se le conoce popularmente, habrá sido envidiado en un momento u otro por un número muy elevado de heterosexuales del planeta Tierra. Yo le envidié, aunque ya no: demasiado estrés para mi gusto. Y, al mismo tiempo que le envidié, le maldije: "¡Habráse visto!... ¿Dónde irá el viejales este con esas dos rubias platino? ¿No estaría mucho mejor en el asilo, jugando al tute y comiendo sopitas de ajo?"... Envidié a Hefner y le maldije porque, sinceramente, me habría gustado ser él aunque sólo fuera un ratito. Para saber qué se siente más que nada

Aplíquese el "síndrome Hugh Hefner" al Real Madrid y extraeremos idénticas conclusiones. Yo he tratado, y aún trato, de ayudar en la medida de mis posibilidades a la gente que llega a mi consulta diciéndome que el Real Madrid es tal o cual, y que los árbitros son esto, aquello y lo de más allá... Todos querrían estar en la situación del Real Madrid, pero yo les explico que sólo un club del mundo podía ser elegido el mejor del siglo XX. Hay quien lo entiende y hay quien no. Y quien no lo entiende utiliza torticeramente la doble, cuando no triple y hasta cuádruple, vara de medir las cosas. Pongamos por caso el ejemplo más reciente: a Cristiano Ronaldo hay que enviarle directamente a un lago de fuego y azufre por quitarse la camiseta después de marcarle un gol al Almería: el club debe sancionarle, Florentino abroncarle y la Iglesia excomulgarle por algo que sólo le perjudica a él y al propio Real Madrid. Transcurridas veinticuatro horas desde el espectáculo bochornoso de CR9, Capdevila, jugador del Villarreal, también se quita la camiseta tras marcarle un gol al Getafe. Ni una línea. Ni un comentario. Nada de nada. Capdevila for president.

No quiero ni imaginarme qué se estaría diciendo a estas horas en España si, con objeto de promocionar un partido de Liga contra el Valencia, al patrocinador del Real Madrid Club de Fútbol no se le hubiera ocurrido otra cosa que sacar a la calle una campaña publicitaria con dos falsos aficionados valencianistas con la cara cubierta con una media, cual atracadores de banco, diciendo que acababan de secuestrar al utillero del equipo rival. A Cristiano Ronaldo -el chulo, el prepotente, el niño malcriado al que se le consiente absolutamente todo- hay que atarle con cadenas y darle un paseo por el infierno por quitarse la camiseta y pegarle una patada a otro jugador, (¡una patada!... ¡y a otro jugador!... ¡en un campo de fútbol!) pero lo del secuestro de Españeta es graciosísimo. Yo particularmente me estoy mondando de la risa. Hacía años que no veía una cosa tan simpática. Ojalá el sábado no pase nada en Mestalla. Y si pasa se le saluda: total, tratándose del Real Madrid valdrá todo, ¿no?...
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