El penúltimo raulista vivo

La 'gilipolluá' de La Roja y otras reflexiones

Ha calado lo de La Roja. La gente lo repite por la calle como aquello de "si hay que ir se va, pero ir pa ná es tontería" o lo de "fistro de la pradera". La selección española de fútbol, que en último extremo debería ser conocida como La Rojigualda, ha pasado a ser La Roja porque a Luis Aragonés se le ocurrió un buen día que el chascarrillo estaría gracioso. Salvo contadísimas excepciones, los periodistas nos hemos sumado a la gilipolluá, que dirían los añorados Tip y Coll, y ya no hay manera de reconducir al personal. Las veces que he mostrado mi oposición a que a la selección nacional de fútbol se la llamara La Roja, que no significa nada, en vez de España, que lo significa todo y desde hace mucho tiempo además, me he visto impelido por la marabunta a cambiar de actitud cuando no he sido acusado directamente de los cargos de antiespañol por los mismos que juegan a dinamitar España. Malos tiempos para la lírica.

Ha calado lo de La Roja y también lo ha hecho la afirmación de que quien, fiel al mínimo sentido crítico que debe suponérsele a un periodista, ose decir que ha habido algunos partidos de España realmente aburridos a lo largo de esta Eurocopa está endemoniado por la rivalidad existente entre el Real Madrid y el Barcelona o trata de faltar al respeto a los jugadores culés, como si los titularísimos Casillas, Ramos, Arbeloa y Alonso (4 de 11, que no está nada mal) hubieran sido internacionales con Portugal o como si Del Bosque los hubiera puesto para rellenar entre los jugones, que son curiosamente los del Barça. Bien al contrario, sostengo la teoría de que quienes eso dicen tratan en el fondo de faltar al respeto precisamente a los futbolistas merengues llamándoles "floreros", que es lo que antiguamente se llamaba a aquellas senoritas que estaban de muy buen ver y de las que no se requería otra cosa que no fuera alegrarle al personal la vista.

Pero España, que está claro que del centro del campo para arriba juega al estilo del Barcelona (tocar, tocar y tocar) porque es imposible no hacerlo con jugadores de la calidad de Xavi e Iniesta, ha ganado esta Eurocopa gracias a que no ha encajado nada más que un gol en el tiempo reglamentario y ahí el papel que ha jugado la columna vertebral formada por Casillas, Ramos y Alonso ha sido absolutamente determinante. No me disgusta que se toque y se toque siempre y cuando el objetivo sea ir hacia algún lado. Es una cuestión estética que no tiene nada que ver con el color de la camiseta del club de este o aquel jugador. Me divierto mucho más con un fútbol directo y relampagueante, aunque entiendo que España deba jugar ahora como lo hace porque tiene futbolistas para ello y porque resulta que ha ganado dos Eurocopas y un Mundial haciéndolo así.

Podría decir públicamente, como yo creo que hace más de uno, que el juego de España me ha entretenido todo el tiempo y que no he podido despegar los ojos del televisor, pero eso sería tanto como engañarme a mí mismo. España me ha divertido unas veces y me ha aburrido otras. Respeto a quienes hayan disfrutado todo el tiempo e incluso comprendo a aquellos que, no habiéndolo hecho, se vean moralmente obligados a mentir porque resulte impopular reconocer la verdad. No respeto a quienes, estén diciendo la verdad cuando aseguran que se han divertido o estén mintiendo con tal de no llevar la contraria a la masa, quieran pasar por la quilla intelectual a quienes sencillamente tienen una opinión diferente a la suya. Y mucho menos respeto a quienes detrás de la crítica razonada y argumentada quieran encontrarle tres pies a un gato que únicamente maulla en su calenturienta imaginación.

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