El penúltimo raulista vivo

La fama de España

Viendo el comportamiento seguido por Bosnia, pertrechada atrás con indudable descaro, persiguiendo un rato a los jugadores españoles y otro rato al balón, y pegándole a todo lo que se movía (y a fe mía que Capel se movió mucho, quizá el que más, y por lo tanto recibió también más que el resto), uno se puede ir haciendo más o menos a una idea aproximada de lo que le espera al equipo de Vicente del Bosque en su camino clasificatorio hacia el Mundial del año 2010. España ganó la Eurocopa con un estilo bien definido, el mismo que lógicamente tiene que repeler a Javier Clemente, de toque, desmarque y, en líneas generales, eso que solemos conocer como "buen fútbol", un juego vistoso y agradable para el público y que, si además sale bien, resulta letal para el rival de turno. Todos, bosnios por supuesto incluidos, pudieron contemplar cómo jugaba de bien en Austria el equipo nacional español y, por lo presenciado ayer, nuestra fama ha cruzado fronteras a la velocidad del rayo.

Es lógico llegar a la conclusión de que a un equipo que desenfunda tan rápido como el nuestro no vayan a jugarle de tú a tú en un futuro inmediato sino exactamente como hicieron ayer los bosnios, amurallando su portería y fiándolo todo a un contragolpe afortunado. Antes de la Eurocopa, la fama de favorita indiscutible con la que siempre partía en todos los campeonatos la selección española era bastante inmerecida, una filfa con la que nuestros rivales pretendían debilitarnos y que incluso les servía de burla, o al menos así lo interpreté yo en más de una ocasión. España era favorita pero el título lo ganaba Italia. España era favorita pero Francia ganaba el campeonato. España aparecía como favorita en todas las quinielas pero Grecia, sin jugar un pimiento, ganaba el campeonato. Ahora la cosa ha cambiado y nuestra fama está acreditada con el título europeo de selecciones y tiene un por qué: España, poseedora al fin de un estilo propio, suele juegar muy bien al fútbol.

Me parece lógico y normal que, intuyendo precisamente que la fama de España habrá llegado ya a estas alturas hasta el último confín de la tierra, Del Bosque tome la iniciativa a la hora de buscar soluciones al futuro cerrojazo de nuestros rivales: la inclusión en el equipo de Diego Capel, a quien indudablemente también tenía en sus pensamientos Luis Aragonés, constituye a mi modo de ver un acierto total del nuevo seleccionador nacional. El sevillista estuvo en casi todas, agrandó un campo que se quedaba chico ante tantos defensas, la pidió siempre, no temió nunca el posible fallo y encaró sin miedo a pesar de los mil y un recados que le mandaron durante el partido; Capel es, sin duda, un complemento perfecto a lo que ya tenemos, que es muy bueno. Me gusta el estilo de España y, por primera vez desde hace mucho tiempo, resulta que también me agrada mucho el estilo de nuestro seleccionador. Ya no se burlan y nuestra bien merecida fama nos convierte, esta vez sí por derecho propio, en favoritos a todo.
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