El penúltimo raulista vivo

La estafa de Fàbregas

Ya he dicho que yo me voy a seguir sintiendo orgulloso de mis deportistas con una, diez o cincuenta medallas olímpicas. Doy por hecho que, después de cuatro largos años trabajando a tope, los 282 que han ido a Londres lo han hecho con el objetivo claro de intentar ser los mejores y no los peores, primero por ellos mismos, por su gloria y prurito personales, y después por España, que es el país bajo cuya bandera compiten, y por los españoles, que sufragan sus gastos. Debe resultar muy emocionante y supone un hecho único en la biografía personal de cualquiera poder acudir a unos Juegos, no en vano, cuando repasas la vida de un personaje público, se dice que fue tal y cual cosa... y, llegado el caso, también olímpico. Únicamente exijo a los míos que sean limpios, que no hagan trampas, que vayan por la villa con la cabeza alta y pudiendo mirar a todo el mundo a los ojos. ¿Las medallas?... Ya llegarán... O no.

Me sorprende el vuelo que se ha dado a los correos, que es cierto que huelen muy mal, de Ángel Mullera, la forma de implicarse a fondo para impedir su participación en Londres tanto del Consejo Superior de Deportes como del Comité Olímpico Español (no tanto, también hay que decirlo, de la Federación Española de Atletismo que esperó agazapada) y el posterior ridículo de ambos organismos tras decretar el TAS que no existían los supuestos "motivos técnicos" aducidos por unos y otros para que el atleta catalán no pudiera correr, y que sin embargo se haya pasado de puntillas, probablemente para no molestar, sobre lo dicho por el jugador de hockey hierba Àlex Fàbregas reconociendo abiertamente que él no se siente español y que si compite con España es porque no le queda más remedio, y haciéndolo, para más inri, estando ya en Londres y habiendo jugado ya con el equipo nacional.

¿De qué acusaban tanto CSD como COE a Mullera?... Le acusaban de mentir y de haberse dopado para conseguir mejores marcas. ¿Y qué pruebas tenían CSD y COE para realizar semejantes acusaciones?... Unos correos personales en los que se capturaba una conversación privada. Yo digo que Fàbregas sí que nos ha engañado y que para hacer efectiva su estafa, que a diferencia del dopaje de Mullera sí que se puede comprobar en cualquier momento sin necesidad de interceptar conversaciones privadas, ha esperado a estar allí para que nadie pudiera reaccionar: ha actuado como un espía doble. Me avergüenzo de Fàbregas, me parece repulsivo lo que ha hecho, pero aún más me avergüenzo de nuestras autoridades deportivas que han vuelto a ejercer, una vez más, como Don Tancredo en una situación de este tipo. A Fàbregas debería habérsele expulsado de la Villa Olímpica al minuto siguiente de hacer estas declaraciones, pero a cambio el tipo sigue allí, riéndose de todos nosotros y jugando a hacer politiquilla.

Un independentista me dice, vía twitter, que si no me entra en la cabeza que Fàbregas pueda sentirse catalán y no español. Por supuesto que puedo entender eso. Mi cerebro también entendería que Fàbregas afirmara sentirse alienígena. Lo que me parece repugnante es que el independentista que juega al hockey espere a estar en los Juegos, con el dinero de los españoles, para soltarnos su rollito nacionalista. Y lo que me parece de juzgado de guardia es que tanto CSD como COE, y por supuesto también la federación correspondiente, no le pongan el cascabel al gato de una puñetera vez, convirtiéndose de nuevo en el hazmerreír de todos y erigiéndose al tiempo en cobardes cómplices de lo dicho por este deportista. Después de no obtener la clasificación de 1.500, el mediofondista vallisoletano Álvaro Rodríguez dijo que si por él fuera se iría de Londres en ese momento para no seguir gastando dinero de los impuestos. Me siento un millón de veces más orgulloso de Rodríguez que de Fàbregas, por mucho que la selección de hockey se traiga de Londres un saco de medallas. No sé si me explico.

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