El penúltimo raulista vivo

La "especial sensibilidad" y eso...

En mi opinión, lo más significativo de la primera jornada de la temporada 2012-2013 no ha sido el empate del Real Madrid en casa ante el Valencia (el líder de la "Liga de los demás", como dice Míchel) ni tampoco el saco de goles que la Real Sociedad se llevó del Nou Camp. Al fin y al cabo el rival del campeón acabó tercero del curso anterior mientras que el adversario del subcampeón fue decimosegundo; dejando a un lado el hecho de que yo creo que el Madrid mereció ganar, lo cierto y verdad es que el 19 de agosto no se puede empezar una Liga seria, pero tampoco habría planificado jamás una federación razonable un partido amistoso ante Puerto Rico para el 15 de agosto y la de Villar, ese hombre que triplica los años que el dictador Idi Amin Dada permaneció en la presidencia de Uganda, lo hizo por sus santísimas y bilbainas narices.

Y ahí quería yo llegar precisamente, a Bilbao. Porque sin duda lo más destacado de esta primera jornada de Liga ha sido la debacle del Athletic en San Mamés ante el Betis. Y no porque el Betis no tenga un buen equipo, no; tampoco porque no tenga un buen entrenador, que lo tiene y realmente magnífico. El caso es que el Athletic, que venía de protagonizar una de las mejores campañas de su historia, encajó 5 y pudieron ser algunos más. Hubo reacción rojiblanca porque lo mínimo que se le supone a un león es que pegue algún rugido de vez en cuando, pero estaba visto que el Betis tenía el día y el equipo local no. Por cierto que el partido probablemente lo perdió Bielsa por no alinear a Martínez y Llorente, y puede que el argentino tomara esta decisión pensando en las posibles consecuencias que ello podría acarrear para los futbolistas.

Y ahí quería yo volver a llegar precisamente, a las consecuencias. En el entrenamiento previo al partido del domingo, un grupo de aficionados del Athletic se dedicaron a arrojarles a Martínez y a Llorente a la cara kilos y kilos, arrobas y arrobas, toneladas y toneladas de esa "especial sensibilidad" que alguien decía el otro día en Futboleros que se gastan por San Mamés. Lo más bonito que les llamaron fue "españoles" y lo más feo "hijos de puta", lo que sucede es que estos vándalos no lo vociferaron por separado sino unido, "españoles hijos de puta", marcando a fuego y de por vida a estos dos chicos que hasta hace un par de días eran unos auténticos héroes. No quiero, por supuesto, vincular a toda la afición bilbaina con estos pelagatos, pero sí convendría sacar de allí cuanto antes a los chavales porque veo que peligra su integridad física. Un helicóptero. James Braddock y John Rambo. Pinturas de guerra. De noche. Entrar y salir, entrar y salir. Que pague ya el Bayern. Y que se decida el Madrid.

A continuación