El penúltimo raulista vivo

La dura transición entre jugar mal y jugar bien

Me sorprende que Fabio Capello no haya salido todavía en La Gazzetta dello Sport, que es donde salen todos estos siempre, explicando cómo ganó la Liga y agotando las existencias de medallas del ejercito de tierra italiano. Me imagino que será un poco pronto incluso para él, pero es sólo cuestión de tiempo que intente sacar ventaja de una situación que, en el fondo, si nos paramos a reflexionar un instante, provocó él solito. Todo el mundo (que esté informado) sabe que fueron los futbolistas, y de forma y manera muy especial los españoles, quienes sacaron del atolladero a un equipo que, con Capello al mando, simplemente se precipitaba al vacío. Fueron los Raúl, ahora de nuevo injustamente denostado, Guti, Míchel, Helguera y Casillas los que decidieron dar un golpe encima de la mesa y ofrecerles a los extranjeros un repaso minucioso de la historia del club en el que estaban jugando. ¿O es que la Liga la ganó Cannavaro? Está en las nubes quien piense eso.

Ayer, en la vuelta de la Supercopa de España, el Madrid entrenado por Schuster jugó casi tan mal como solía hacerlo el de Capello. Y digo "casi" porque hacerlo igual de mal requeriría tales dosis de constancia y tesón por parte de los futbolistas que acabarían levantando lógicas sospechas. Uno de los problemas que tiene Schuster al inicio del campeonato, y tiene bastantes, es cómo acertar a reconducir la situación, cómo dirigir la transición entre el fútbol rácano preconizado históricamente por su antecesor en el cargo y la apuesta por un fútbol divertido, alegre y que vuelva a ilusionar al madridismo. Bernardo se equivocó (yo también) al pensar que el título de Liga, obtenido tras cuatro años de sequía, serenaría los ánimos de un sector de aficionados que abogan por ganar al precio que sea, incluso al precio, abusivo desde mi punto de vista, de tener que dormitar en su asiento si ello fuera necesario. En ese sentido, y sólo en ese, la Liga resultó nociva para el club porque el Real Madrid no debe ganar como lo haría cualquiera sino jugando bien o intentándolo al menos.

Albergo pocas dudas al respecto de que, con el tiempo, ese equipo jugará bien al fútbol y que Schuster irá recortando lentamente la sombra de Capello. Por lo que veo, Bernardo ha elegido la mano de hierro para conducir la transición, enfrentándose desde el primer día con algunos periodistas. Hoy, por ejemplo, unas horas después del 3-5 ante el Sevilla, ha querido dejar constancia por escrito de que para él no existe el debate "Raúl sí, Raúl no". "Olvídense", ha dicho. Schuster sabe perfectamente, porque al contrario que otros fue buen cocinero antes de ser fraile, la importancia que el capitán tuvo en la obtención de la pasada Liga. Puestos a elegir aliados, entre la prensa y sus jugadores, Schuster, que fue el futbolista rebelde por excelencia, se queda con sus jugadores. Nadie dijo nunca que la transición fuera a ser fácil, pero si hay alguien que pueda conducirla con éxito ése es sin duda Bernardo Schuster. Dolerá al principio, pero será motivo de satisfacción al final.
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