El penúltimo raulista vivo

La distancia que va desde Ronaldo a Milito

Robinho le hizo ayer al Real Madrid exactamente lo mismo que Ramón Calderón le pidió en vano a Cristiano Ronaldo que hiciera con el Manchester United: exigir su salida del club. Y el Real Madrid se ha visto obligado a hacer con el Chelsea lo mismo que el Manchester hizo con él: manifestar públicamente que el jugador no está en venta y, lo que supone una de las pocas diferencias con respecto al caso de Ronaldo puesto que en Inglaterra no existen las cláusulas de rescisión, remitir a Peter Kenyon a los 150 millones de euros que aparecen en el contrato que el brasileño firmó en su día con el Real Madrid. Calderón dice que él no mantendrá nunca en el equipo a un jugador que haya mostrado su firme voluntad de abandonarlo, pero, por otro lado, incluso él es consciente de que Robinho no vale ni por asomo esos 150 millones de euros. Dejando a un lado el hecho de que Robinho tiene más cara que espalda y que, tal y como se teme Calderón, Kenyon está detrás de toda la trama, lo cierto es que el club tiene un problema deportivo importante.

La táctica de Robinho y de su representante, que en realidad no es suya, tiene un fuero y un huevo. El fuero, diseñado por Kenyon seguramente, consiste en vender la burra de que el brasileño se siente ninguneado y tratar de relacionar el fichaje frustrado de Ronaldo con su propia situación deportiva y personal. El fuero es ese, el del divismo herido, el del ciclo acabado, el de la ambición frustrada y el del ego dañado. Pero, ¿dónde mejor que en el Real Madrid podría Robinho conseguir todo eso que presuntamente anhela?... El huevo, el fondo real de la cuestión, es por supuesto otro bien distinto y que no se le puede escapar absolutamente a nadie: Robinho quiere más cariño en forma de billetes de quinientos euros. Además el futbolista juega con la baza del tiempo a su favor ya que sabe que la fuerza que tiene Schuster en el Real Madrid no es en absoluto comparable con la que tiene Alex Ferguson en el Manchester United.

Me imagino que Ferguson se estará tronchando de la risa. Está siendo tan dulce la venganza para él que algún mal pensado podría incluso llegar a la conclusión de que el Manchester y el Chelsea se han unido sólo con el objetivo de hacerle la vida imposible al Real Madrid. Llegado el caso, cualquier juez, incluso uno poco ilustrado en la materia deportiva, decidiría que Robinho no cuesta 150 millones de euros. ¿Para qué sirven, pues, las cláusulas de rescisión de contrato?... Para nada. Pero, mientras tanto, y puesto que Robinho, que nunca me ha parecido Aristóteles precisamente, quiere ir por las malas, el Real Madrid, que a lo mejor no puede impedir que se vaya y por mucho menos dinero del que firmó, también puede amargarle la existencia. Ante semejante panorama, Schuster, que ha visto cómo han vendido a Baptista y no han traído a Ronaldo y que ahora contempla la posibilidad de que también se largue Robinho, se conforma con Milito, ni siquiera se atreve a pedir a Villa. La distancia que va de Ronaldo a Milito será algo que deberá explicarle a sus socios el presidente del Real Madrid. ¿Y Mijatovic qué? ¿Fichando otra vez a Divac?
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