El penúltimo raulista vivo

La cultura de un campeón

Hace unos cuantos viernes, justo después de que el Barça les pasara por la piedra con una superioridad tal que se les acusó incluso de haber bajado los brazos, inmediatamente antes de recibir al Real Madrid en su casa, cuando todavía había Liga en España, Manolo Jiménez, entrenador del Sevilla, me preguntó lo siguiente: "¿Tú crees que si el Madrid acabara primero habría alguien que se acordase dentro de cinco años de cómo jugó al fútbol?"... Mi respuesta fue que no, y añadí: "ni dentro de cinco años, ni dentro de un mes". Por eso, como el fútbol carece absolutamente de memoria, conviene decir ahora, cuando el Fútbol Club Barcelona está a punto de ganar la Liga de la temporada 2008-2009, que lo hará jugando maravillosamente bien al fútbol. Todo el mundo coincidirá conmigo en que el Barça será un justo campeón, pero quizá se produzca división de opiniones si digo que será un campeón necesario.

¿Por qué necesario?... Fundamentalmente porque me parece que nos hemos olvidado de que el fin último del fútbol es que nos lo pasemos bien y disfrutemos del espectáculo de unos jugadores superdotados. Hace dos temporadas, por ir al ejemplo más cercano, Capello, que odia la pelota como tantos y tantos entrenadores italianos, ganó una Liga muy emotiva pero su equipo marcó 66 goles, 12 menos que el segundo clasificado que fue el Barcelona. Es más, aquel Real Madrid que quedó primero logró precisamente 12 goles menos que el de Schuster y Juande Ramos en la jornada 35. Nadie, y mucho menos un madridista, quiere recordar cómo ganó aquella Liga el Madrid, refugiado atrás y jugando al contragolpe; lo importante es que "subió al marcador". Zinedine Zidane, otro de los colaboradores necesarios de Florentino Pérez, afirmaba el otro día que el Madrid tenía que encontrar su propia cultura. Puede que los 103 goles que lleva marcados el Barcelona hasta la fecha supongan un acicate para encontrarla: hay que ganar jugando bien y marcando muchos goles.

Al Real Madrid hay que darle las gracias por los servicios prestados porque de lo contrario la Liga habría acabado en diciembre, y al Barcelona, y sobre todo a Pep Guardiola y a sus jugadores, desde el primero hasta el último, hay que darles la enhorabuena porque, aunque acaso nadie recuerde dentro de cinco años cómo ganaron esta Liga, lo cierto es que nos han devuelto la ilusión por el juego bonito, término que últimamente es empleado de forma despectiva por aquellos a quienes les da igual el barco empleado si al final se atraca en un puerto correcto. Si este Barcelona no existiera habría que inventarlo. Seguro que F.P., favorito indiscutible en todas las encuestas, copiará lo bueno y hará caso a uno de sus consejeros áulicos más destacados: comprará mucha calidad y la próxima temporada se verá una Liga mucho más entretenida. Felicidades a los culés. El Barcelona será un campeón justo y necesario.
A continuación