El penúltimo raulista vivo

La Copa está peligrosamente preparada para el Celta

Definitivamente esta Copa del Rey está peligrosamente preparada para el Celta de Vigo; peligrosamente preparada por los Orellana, Guidetti, Cabral, Hugo Mallo o Nolito, que juegan de vicio al fútbol. A Simeone, que fue un ventajista como futbolista y que ahora lo es como entrenador, cosa que no me disgusta en realidad, el mensaje le funciona a las mil maravillas cuando lo enfrenta a los dos grandes, Real Madrid y Barcelona; el argentino vive bien y cómodamente a la sombra de presupuestos de 500 millones de euros, de ahí el "partido a partido", de ahí esa falsa modestia franciscana que ya nadie se cree, ni siquiera él, de ahí el eslogan del "equipo del pueblo", que es más falso que un euro de madera, pero cuando se mide a equipos que juegan diez veces mejor que su Atleti con un presupuesto cinco veces menor, el mensaje simplemente se viene abajo, se desmorona por la pendiente.

La del presupuesto, que al Cholo le sirve con dos de sus diecinueve rivales de Primera, es otra excusa más de Míster Excusas, el hombre que se atrevió a insinuar allá por el mes de junio que la Liga estaba cocinada en los despachos para que la ganara el Real Madrid; por eso, después del baño del Calderón, el pueblo se lanzó a las redes sociales, y especialmente a Twitter, para burlarse de los eslóganes de Simeone, que, como todo en la vida, tienen fecha de caducidad. ¿Cómo era aquello de que el fútbol le ganó al presupuesto?... Ayer, un modesto equipo gallego con 39 millones de euros de presupuesto noqueó al Atleti, que tiene 190 para gastar a su antojo. Además, el Celta llegó convenientemente motivado por Berizzo (¡qué entrenador!) después de que su ex amigo le robara a Augusto Fernández a mitad de temporada.

De que juegue o no juegue como titular Fernando Torres no tiene la culpa Simeone, no. Aunque parece que el concepto de "símbolo" tiene para la mayoría del periodismo deportivo español un tratamiento distinto si uno mira las cosas desde una ventana del Santiago Bernabéu o lo hace asomado a una del Vicente Calderón. Si hay un símbolo colchonero, ese es sin duda el Niño Torres, cuyo regreso a su equipo del alma tuvo el consenso generalizado de afición y medios de comunicación. Resulta que a Casillas no podía sentársele en aras precisamente de su dimensión de mito y sus suplencias atentaban contra el buen gusto y el sentido común, y hacían peligrar la supervivencia madridista; con Torres no pasa nada, Torres sí puede estar en el banquillo o en la grada y Simeone tiene razón porque el símbolo... no marca goles. Otra vez la doble vara de medir.

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