El penúltimo raulista vivo

La Catedral de la vergüenza y del dislate

En toda España se bautizó hace muchos años al campo del Athletic Club de Bilbao como La Catedral. Es sin duda un signo de respeto y profunda admiración por parte de todos hacia la afición bilbaina y el viejo San Mamés, inaugurado en 1913, un campo por el que han desfilado futbolistas del fuste, la enjundia y los bemoles de Gorostiza, Uriarte, Blasco, Lezama, Rojo, Dani, Panizo o Gainza. Por allí pasaron los mejores y la mejor hinchada, que era la del Athletic Club, se ganó a pulso la fama de afición exigente, observadora y justa, tanto como para reconocer la excelencia en el equipo rival si así fuera necesario. Ya no hay jugadores como aquellos, del mismo modo que no quedan actores como Cary Grant o cantantes como Frank Sinatra. Ya no existen futbolistas como Fidel Uriarte Macho, que lo tenía claro desde su segundo apellido, Telmo Zarraonaindía, el gran Zarra, o Agustín Sauto Arana, más conocido como Bata.

Miramos hacia atrás con cierta nostalgia y, aunque nunca fueron mejores los tiempos pasados, escuchamos ensimismados de nuestros mayores historias de pundonor y de furia española, anécdotas de cuando un balón de fútbol pesaba tanto como uno medicinal y había que hacer pesas sólo para poder levantarlo del cesped, leyendas de campos embarrados y de jugadores que le tenían más miedo al hambre que a cien entradas con los tacos por delante, y que, como James Braddock, nunca se dejaban tumbar. Y la nostalgia nos hiere más profundamente si, después de mirar hacia atrás con admiración, lo hacemos a lo sucedido el sábado pasado en San Mamés, convertido por sus actuales dirigentes, con su presidente Fernando García Macua a la cabeza, en La Catedral de la vergüenza y del dislate. No hubo, por supuesto, leones aquel día en el campo del Athletic, y la firma de la declaración independentista tuvo que llevarse a cabo a puerta cerrada, no fuera que una de las aficiones más veteranas y sabias de España se preguntara, en vivo y en directo, por qué razón se daba pábulo allí a la reivindicación independentista de Carod Rovira.

Nunca, a lo largo de sus 109 años de historia, se había vendido San Mamés de la forma que lo hizo el otro día la junta directiva del Athletic. Macua, elegido por todos los socios del club, ejerció el sábado sólo la representación de algunos de ellos, aquellos que pelean, utilizando también el deporte, por la independencia del resto de España. Consciente de que el arrendamiento al Partido Nacionalista Vasco, el Bloque Nacionalista Gallego y Esquerra Republicana de Cataluña podría generar protestas entre aquellos socios bilbainos que no piensan así, la denominada Declaración de San Mamés hubo de llevarse a cabo, como decía antes, a puerta cerrada, sin leones por medio, no fuera que estos rugieran por un Athletic para todos y no sólo para unos pocos. Supongo que Macua no pondrá en el futuro inconveniente para que otros partidos políticos con representación en el Parlamento Vasco utilicen las instalaciones privadas del club para anunciar sus propuestas. E imagino que si uno de esos partidos le pide al presidente que ceda San Mamés para, por ejemplo, exigir la presencia de la selección nacional española en Bilbao, éste no pondrá problema alguno. Todavía estamos esperando, por cierto, a que la directiva del Athletic inicie alguna investigación para descubrir quién quemó una bandera de España en el transcurso del partido del otro día. Esperamos su declaración, presidente, después de la que hizo Carod. O igual quiere usted cederle también la presidencia al líder de Esquerra.

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