El penúltimo raulista vivo

La cartita

Hagámonos la siguiente pregunta: ¿A quién o quienes beneficia que el asunto de Casillas, ya en el Oporto, no se cierre?... La respuesta es clara: a los archienemigos del Real Madrid. No habían pasado ni veinticuatro horas desde el traspaso y Santos Márquez, uno de los agentes del jugador, ya estaba echando alegremente sal en la herida, aún sin cerrar. A Márquez le dio el relevo Xavi en esta perversa carrera de desprestigio hacia el club deportivo más valioso del mundo y más transparente de España. Lejos de transmitir afecto sincero hacia un compañero, la cartita de marras del ex jugador culé en La Vanguardia destilaba un odio profundo hacia el club blanco, que representa todo lo contrario de lo que él defiende. Sigo pensando que Xavi utilizó siempre su falso cariño hacia Iker como palanca para provocarle al Real Madrid el mayor daño posible, y con la famosa llamada telefónica lo logró. Xavi escribió (o inspiró) la cartita y luego hizo unas declaraciones diciendo que el Estado español no les hacía demasiado caso, tras lo cual el Gobierno decidió concederle otra medallita.

A Márquez le dio el relevo Xavi y a Xavi se lo acaba de dar Jordi Alba, que miente hasta cuando dice la verdad. Es tal la capacidad de este chico para contradecirse a sí mismo que bien podría decirse que ha hecho "un Tsipras". Primero dijo que él no opinaba de lo que pasaba en otros clubes para, justo a renglón seguido, añadir en la misma frase que a Casillas le habrían despedido de otro modo en el Barça. Vamos a ver, Jordi, vamos a ver: ¿No decías que tú no opinabas de otros clubes? ¿Y tu club cuál es? ¿No es el Barça? Entonces, ¿por qué opinas del Real Madrid, que no es tu club? Alba, que es muy rápido sobre el cesped pero más lento que un perezoso de tres dedos fuera de él, siguió provocando (¡a ver qué dice Del Bosque!) pero no aclaró si en el Barça habrían despedido a Iker de un modo mejor... o peor. Porque, querido Jordi Alba, créeme cuando te digo que todo en la vida es susceptible de empeorar.

No seré yo quien diga que a Iker no podría habérsele despedido mejor. La escasez de tiempo y la complejidad en la negociación impidieron que Casillas estuviera arropado por sus compañeros. Xavi tenía decidido irse del Barça desde mayo de 2014 y, con el Barça ganándolo todo, su adiós ha sido más espectacular; Iker tenía decidido seguir... y luego prefirió marcharse. Podría haberse hecho mejor, es cierto, pero jamás peor que el Barça de Alba con Eric Abidal. A Abidal le detectaron un cáncer en el hígado y tuvo que dejar de jugar al fútbol; Bartomeu, por aquel entonces vicepresidente deportivo, prometió que cuando se recuperara volvería al equipo y cuando, gracias a Dios, Abidal sanó... el Barça hizo con él un "sinpa". Eric Abidal, que ahora va en la candidatura de Laporta, quien por cierto pretende reincorporar como director general a un tipo que nos llamó chorizos a todos los españoles, todavía está esperando la cartita de Xavi. De eso no habló ayer el perezoso de tres dedos, a quien a buen seguro reprenderá inmediatamente Sor Vicente por alterar la paz del cementerio de la selección nacional, ¿a que sí?...

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