El penúltimo raulista vivo

La caravana continúa

Si los Gasol, y de forma significativa el mayor, Pau, caen tan mal a los independentistas catalanes es precisamente porque no se dejan manipular y porque sus padres, Agustín y Marisa, se encargaron en su día de buscarles a sus hijos un buen colegio en el que les enseñaran la geografía correctamente y no como manda José Luis Carod. Así, Pau, Marc y Adrià llegaron a la conclusión de que ellos eran efectivamente catalanes y españoles, y que ambas cuestiones no sólo no eran incompatibles y excluyentes sino que se complementaban. Por eso me alegro más de los éxitos de Gasol que de cualquiera de nuestros deportistas. Pau no para de hacer patria por el mundo, presume de sus orígenes, siempre se acuerda de sus compatriotas y está dispuesto a realizar cualquier esfuerzo que le pidan por jugar con España. Si por los independentistas fuera ya habrían sido destruidas todas las televisiones de Cataluña para que no se pudieran ver los partidos de los Lakers.

Eso de los récords de la selección española de fútbol está muy bien. Está mejor aún si recordamos de dónde venimos. Me parece mentira que España lleve la friolera de 35 partidos sin perder y que los 15 últimos se hayan contado por victorias. Me parece imposible que Milutinovic compare a nuestra selección con la brasileña de los años 70. Hace dos días teníamos un equipo melancólico y depresivo y ahora somos campeones de Europa y el ejemplo a seguir. España se ha convertido en un referente al que todos quieren ganar. Todo eso, insisto, está muy bien, pero la verdadera prueba del algodón de que la selección va sobre ruedas se produjo ayer, diez minutos antes de que diera inicio el partido que enfrentó a los nuestros con Sudáfrica. En Tarrasa, localidad natal de Xavi Hernández, tenían previsto seguir las incidencias del encuentro a través de una pantalla gigante instalada por el Ayuntamiento y eso fue demasiado para un grupo de "amantes de la libertad" que decidieron provocar un incendio y acabar de raíz con la fiesta.

Lo siento por los miles de tarrasenses que pretendían ver el triunfo de su selección y al mismo tiempo rendir un merecido tributo a uno de sus puntales, pero lo que pasó ayer me parece muy significativo. Cuenta Truman Capote que estaba un día conversando en La Habana con André Gide cuando de repente les interrumpió el cartero y le entregó varias cartas; una de ellas contenía un artículo durísimo contra el propio Capote. Viendo que el autor de Desayuno en Tiffany's o A Sangre Fría estaba refunfuñando, Gide, mucho más veterano en esas lides que su jovencísimo interlocutor, le interrumpió y le dijo lo siguiente: "Tenga en mente un proverbio árabe: los perros ladran pero la caravana continúa". Ladrarán los perros con más fuerza si cabe al observar que la selección nacional española se ha convertido en un estandarte mundial del buen fútbol y de las buenas maneras. Continuará la caravana de España mientras estos pobres infelices siguen tristes en su rincón. Esta es la definitiva prueba del algodón.
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