El penúltimo raulista vivo

La burla del caso Illarramendi

Hay una norma de Florentino Pérez que por muchas vueltas que le doy no logro comprender, prometo que la próxima vez que le vea se lo preguntaré: no pagar las cláusulas de indemnización. Está claro que el presidente del Real Madrid tiene cierto complejo de culpabilidad desde que, allá por el año 2000, protagonizara aquella impresionante operación de rescate de Luis Figo birlándole el jugador a Joan Gaspart mientras éste se echaba la siesta. Y es justo al revés: si Florentino ganó aquellas elecciones fue por el fichaje del portugués, que era el alma del Barcelona, y si se granjeó entre la masa social merengue una merecida fama de conseguidor fue porque dejó a su máximo rival deportivo con un palmo de narices. Que Figo jugara en el Madrid costó 60 millones de euros pero que Gaspart aún tenga pesadillas y se despierte empapado en sudor... no tiene precio.

La cláusula de indemnización no resulta ofensiva para nadie ni va a suponerle a un club como el Real Madrid, admirado y odiado a partes iguales precisamente por ser el número uno mundial, más enemistades de las que ya tiene. Fue la Real Sociedad la que en su día decidió que Asier Illarramendi costaba 30 millones de euros. Los clubes se verían abocados a la negociación si, como sucede por ejemplo en la Premier, no existiera la cláusula de rescisión o si, siguiendo con el caso de Illarra, su club de procedencia hubiese colocado al jugador en cuestión una cláusula inalcanzable, pongamos por caso 100 millones de euros. Cuando, con el consentimiento del chaval, la Real dijo que Asier costaba 30 millones es porque consideró que tenía un diamante y que existía la posibilidad de que uno de los grandes considerara accesible pagar dicha cantidad de dinero, que no olvidemos que representa el 70% del presupuesto total del equipo txuri urdin de la pasada temporada.

Pongamos por caso que pagarle a un club la cláusula de un jugador fuera interpretado como un acto hostil... ¿Y?... La Real pidió en 2009, hace dos días como quien dice, al Real Madrid que jugara el partido conmemorativo de sus 100 años de historia, y allí que se presentó el Madrid con todas sus estrellas. Aquel gesto amistosísimo sólo le ha servido a Florentino Pérez para que Jokin Aperribay, que ya estaba convencido de llegar a un acuerdo con su amigo Florentino Pérez, haya cambiado de caballo justo en mitad del río. Algo parecido le sucedió con Villa: estaba hecho por 42 millones pero Florentino Pérez, que había llegado ya a un acuerdo con el anterior presidente valencianista, prefirió esperar a que Llorente le diera el relevo. Cuando éste, que tiene al Madrid entre ceja y ceja, se encontró con aquello pidió 45, Florentino se negó y el chico acabó en el Barcelona por 2 millones menos de los que pagaba el Madrid.

¿Alguien duda por un momento que si Thiago fuera canterano del Madrid y costara 18 millones de euros el Barcelona ya lo habría fichado?... Yo, desde luego, lo tengo clarísimo. Rosell ha disparado la operación de Neymar más allá de los 150 millones de euros con el único objetivo de no quedar en evidencia ante el barcelonismo como si quedaron Gaspart con Figo o Laporta con Beckham. No intentaría desgastarme demasiado en convencer a los demás de que soy un chico muy bueno y muy formal y que no quiero entrar en guerra, allá él quien crea que soy un gamberro; yo trataría de fichar a los mejores ateniéndome, por supuesto, a las reglas existentes. Probablemente si Florentino Pérez no hubiera llevado hasta el extremo esa idea de no entrar en confrontación con nadie Agüero y Falcao estarían jugando en el Real Madrid, pero como Enrique Cerezo aludió a un pacto entre caballeros suscrito (sin testigos) entre los presidentes de ambos clubes en la primera mitad del siglo pasado, el primero está en el City y el segundo acaba de ser presentado por el Mónaco. Pero todos somos muy amigos, ¿a que sí?...

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