El penúltimo raulista vivo

La Brasil de Europa

Hubo quien, inmediatamente después de haber conseguido la clasificación para el Europeo de 2008, definió a nuestra selección absoluta de fútbol como la "Brasil de Europa". Si es verdad que el halago debilita, nuestros jugadores deben ser unos de los más debilitados del mundo entero puesto que se clasifican (sufriendo por momentos) primeros de un grupo ciertamente irrelevante, y los periodistas paramos las máquinas para contar en la portada y a cinco columnas que son la "Brasil europea". ¿Qué dirán esos mismos si ganamos el campeonato? Perdono a los luisistas porque han sentido que se maltrataba al "sabio", pero a aquellos que no son ni luisistas ni "anti" simplemente no les entiendo. Me temo lo peor y puede, incluso, que nuestros internacionales hayan creído que el campeonato concluyó con la clasificación y que ya no es necesario viajar a Austria y Suiza.
 
 
Viéndose retratados en las portadas de algunos periódicos como la "Brasil de Europa", no me extrañaría nada que en Austria sólo nos encontráramos con Luis y Paredes. Y es que, a veces, los periodistas deportivos somos como esos espejos deformantes que hay en los circos: engordamos mucho a unos con pocos merecimientos y adelgazamos a otros que sí se lo han ganado sobre el campo.Si alguna selección española se ha merecido con creces el apelativo de la "Brasil europea", esa es la de fútbol sala. Lo ganan casi todo casi siempre, de forma que sólo hay que pagarles los billetes de ida y vuelta, darles de comer un poco -pasta, arroz, fruta y esas cosas- y abonarles la estancia en un hotel normalito, que ellos ya se encargan del resto. Anoche, después de haber conquistado en Oporto su cuarto campeonato de Europa, los jugadores no ocultaron en El Tirachinas su desesperación por no recibir un trato justo por parte de los periodistas. Y tienen razón.
 
Después de un montón de años sentado en el banquillo se fue Lozano y Venancio ocupó su sitio, pero nada cambió, sólo las vistas. Subía la persiana Luis Amado y observaba la famosa Plaza Roja, pero la medalla era de oro. Al rato volvía a subirla y contemplaba el monumento a Chiang-Kai shek, pero el color de la medalla seguía siendo idéntico al de Moscú. Se levantaba Amado y, después de haber acabado otra vez primero, permanecía boquiabierto ante la belleza del Balneario de Jeseník. Ayer, el mejor portero de fútbol sala del mundo volvió a subir la persiana y desde el balcón de su habitación se deleitó con la Torre dos Clérigos, otra vez con el oro como premio. Manteémosles a ellos y dediquémosles el tiempo que se han ganado convirtiéndose, gracias a su esfuerzo, en la auténtica y genuina "Brasil de Europa". La otra, por ahora, es una imitación fabricada en Taiwan. 

 

 

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