El penúltimo raulista vivo

La BBC y ocho más

El periodismo deportivo español es caníbal por naturaleza, y la sección futbolística aún más si cabe. A un jugador hay que oponerle otro rápidamente y sólo se seca el debate cuando la victoria de uno de los dos resulta aplastante, apabullante, incontestable. ¿Recuerdan cuando en el Real Madrid tenían que jugar Morata y diez más?... A Benzema le defendimos cuatro gatos mal contados: el francés era un abúlico, el caprichito de Florentino que jugaba por decreto, un lastre para el equipo, una rémora. El viento ha cambiado tan repentinamente de dirección que hoy nadie se atreve ya a cuestionar a Benzema, que es un futbolista excepcional cuya habilidad innata para jugar y hacer jugar a los demás no está precisamente necesitada de la publicación por parte del presidente del club de un decreto ley que le cuele con calzador en el once titular. A Morata le defendían tan engoladamente como, en su enternecedor, desesperado y traumático intento por dejar el teatro e incorporarse al nuevo mundillo del cinematógrafo, el don Arturo interpretado por Fernando Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte recitaba aquella frase de "estaba deseando que viniera usted por acá, señorito, para decirle una cosa un tanto delicada". Pero no defendían a Álvaro, claro, sino que atacaban a Florentino y, ya puestos, a Ancelotti por cagón.

Morata, que es un buen futbolista y que ha sabido acatar con disciplina espartana su situación, que no es sencilla porque él lo que quiere es jugarlo todo, se ganará muy bien la vida en el fútbol de élite y no tengo la menor duda de que triunfará. Pero la calidad de Álvaro es distinta a la de Karim, que cuando juega bien consigue que todo tenga sentido y cada cosa aparezca ordenada y reluciente en casa, la ropa planchada. la comida en la mesa, los juguetes recogidos y los cajones cerrados. Lo mismo digo de Isco. Su fichaje supuso una bocanada de aire fresco e imaginativo, aceptó venir al Madrid a luchar por un puesto cuando Pellegrini le ofrecía la titularidad en el City y ahora mismo se encuentra atravesando ese complejo proceso de adaptación que supone pegar el salto de un equipo como el Málaga, en el que el protagonismo era todo suyo, a otro como el Real. No sé dónde acabará triunfando Morata pero estoy seguro de que Isco lo hará aquí, vestido de blanco madridista. Isco triunfará en el Real Madrid... pero por muy pronto que algunos se levanten y muy tarde que se acuesten su calidad no es definitivamente la de Gareth Bale, que es el suculento trozo de carne roja galesa que ha elegido el periocanibalismo nacional para cubrir de ketchup y mostaza en su próxima barbacoa.

¿Qué se supone que debe hacer Gareth Bale para que al fin deje de cuestionarse su titularidad? ¿Dejar de costar acaso 91 millones de euros? Pues que se diga que valió 57,1 millones "y punto", ¿dónde está exactamente el problema?... Hasta ahora, que yo sepa, el partido más importante de la temporada no será el del martes de la semana que viene sino el del miércoles de la anterior, que decidía un título, la Copa. Más importante que la final de Copa será por supuesto la final de la Champions, que ojalá se juegue. Hasta ese partido, disputado además sin Cristiano y ante el máximo rival deportivo del Madrid que además sí que contaba con su jugador franquicia, Bale ya presentaba una cuenta de resultados inmaculada. Gareth tenía exactamente el mismo problema que Isco o Illarra, dificultado doblemente en su caso por el idioma y por una Liga desconocida para él, y ya había aprobado con notable alto. Pero es que la Copa del Rey la decidió él solito con aquel eslalon gigante que dejó sin resuello al pobre Bartra y que después dio varias veces la vuelta al mundo. Gracias a Dios que el ex Pacificador, que volverá a serlo en cuanto pierda, acaba de confirmar que en Múnich actuará la BBC. Porque hoy, a estas horas y en aras del "equilibrio", que es el nuevo palabro de moda, en el Real Madrid parece que deben jugar Isco y diez más.

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