El penúltimo raulista vivo

La b con la a

El Real Madrid es un club de fútbol presidencialista que históricamente no ha tenido nunca demasiado apego por la figura del entrenador. Y puede que ambas cuestiones estén directamente relacionadas entre sí. Cuando las cosas han ido bien, el público siempre ha responsabilizado de todo a los jugadores, sus héroes, mientras que, cuando las cosas han ido mal, se ha dirigido directamente contra el palco, y eso hay pocos presidentes que lo aguanten. Puesto que el poder presidencial es total y no está subordinado a nadie, el presidente suele tirar por la calle del medio. Supongo que cuando un entrenador decide aceptar la oferta de dirigir al Real Madrid, lo hace a sabiendas de que el suyo va a ser un trabajo grato e ingrato a partes iguales: grato porque estará sentado en el banquillo del mejor club de fútbol del siglo XX e ingrato porque, justamente debido a todo lo anterior, la tranquilidad y el tiempo brillarán por su ausencia.

Pellegrini tiene más razón que un santo cuando dice que lleva "cinco años mirando esto desde afuera" y que las críticas que han recibido sus antecesores en el cargo han sido parecidas a las que ahora le dirigen a él. También la tiene cuando, estrechando al máximo la historia, dice que el Madrid ha tenido ocho entrenadores en cinco años y se han ganado sólo dos títulos de dieciocho posibles. Lo que no cuenta Pellegrini, porque a lo mejor le pilló dirigiendo al Palestino, es que ese mismo club ha ganado, entre otros muchos títulos, 9 Copas de Europa y 31 Ligas con 40 entrenadores, (él es el número 41) y que, salvo los casos de Arthur Johnson, que fue el primero y por eso duró 10 años, Juan de Carcer, que fue el segundo y estuvo seis, Francisco Bru y Miguel Muñoz, un caso paradigmático, ninguno ha estado ahí demasiado tiempo. Aguantar dos años es extraordinario y llegar a los tres resulta milagroso. Y por ahí han pasado desde Santiago Bernabéu hasta Alfredo di Stéfano, alma y corazón respectivamente del Real Madrid.

Lo que yo le pediría al chileno es que dejara de mirarlo todo como si siguiera afuera y pasara a verlo con los ojos de alguien que está adentro porque tengo la extraña sensación de que Pellegrini ha entrado en el Real Madrid pero el Real Madrid no ha entrado en Pellegrini. Muchísimos entrenadores antes que él, y la mayoría con un historial bastante más extenso que el suyo, pretendieron amoldar al Real Madrid a sus necesidades e idiosincrasia cuando es totalmente al revés: es el entrenador quien ha de ajustarse a las necesidades y la idiosincrasia del club que le paga. Un club tremendamente complejo, sí, agresivo, estresante y, al mismo tiempo, brillante y ejemplar. Dirigir al Real Madrid supone para cualquier entrenador del mundo el culmen de su carrera profesional, un reto que se acepta con todas las consecuencias. Y cuando digo todas digo todas. A menudo se ha dado el caso de algún entrenador que, en el vano proceso de intentar ajustar el club a su forma de ver la vida, ha acabado impartiendo lecciones de fútbol. Pero a Pellegrini se le contrató para que diera la lección en los entrenamientos y sobre todo en el campo. Y la verdad es que, hasta ahora, sólo hemos aprendido que la "b" con la "a" se dice "ba". ¿Cuándo pasamos a la "c"?... 
A continuación