El penúltimo raulista vivo

Khelaifi pasa a planta tras el sartenazo de Aytekin

No sé de dónde se sacó ayer Javier Tebas que el propietario del Paris Saint Germain no creía que el árbitro hubiera influido en la eliminación de su equipo. Nasser Al-Khelaifi, que ya ha pasado a planta tras permanecer 4 días en la UCI después del sartenazo que le pegó el increíble Aytekin, cargó contra los errores arbitrales en la misma zona mixta del Camp Nou, cuando el cadáver deportivo de sus chicos yacía aún caliente en el suelo y el juez de guardia aún no había dictaminado la hora exacta del fallecimiento, porque las causas eran de todos conocidas. Si el presidente de la Liga de Fútbol Profesional no se atreve a decir la verdad, o sea que al equipo parisino le robaron la cartera con nocturnidad, alevosía y premeditación, lo mejor que podría hacer es pasar palabra directamente.

El dueño del PSG es jeque y millonario... pero no es tonto. Al-Khelaifi tiene ojos en la cara y vio lo que vimos... casi todos. Ayer, por ejemplo, el programa Tiempo de Juego de la Cadena Cope preguntaba en una encuesta lo siguiente: "¿Qué es más escandaloso, lo de Aytekin y el Barça o lo de Mateu y el Real Madrid?"... Lo más escandaloso de largo es la encuesta en sí, que, para ser exacta, debería plantearse en los siguientes términos: "¿Qué es más escandaloso, lo de Aytekin y el Barça o lo del asalto al tren de Glasgow?"... Hoy Pablo Polo cuenta en Marca que, como era previsible, el PSG ha enviado una queja formal a la UEFA por el arbitraje perpetrado el miércoles. Insisto en que, al lado de Aytekin, Mateu es Heidi y Ovrebo su abuelito.

Parece que a los jugadores del Barça les ha molestado el revuelo periodístico que se ha organizado después del 6-1. Se quejan de que al Madrid se le trata muy bien pero que, cuando a ellos les benefician, se monta la mundial. Es la constatación de que los jugadores viven en un mundo paralelo y la confirmación de que lo que sale de los vestuarios responde, en la mayoría de los casos, a una línea editorial impuesta por el club o por el entrenador de turno. Pero ya puede llorar el jeque, ya puede rabiar, patalear y suplicar justicia, que no la hallará en la UEFA. El mal está hecho y un equipo que no mereció pasar a cuartos entrará en el sorteo del viernes que viene mientras que otro que sí lo mereció no estará. El Barça llega otra vez a este final de temporada en un extraordinario momento de forma arbitral. E internacional. Rival temible sin duda.

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