El penúltimo raulista vivo

Kafkiano, kafkiano, kafkiano

No por nada bauticé hace mucho tiempo a la revista de la federación, el auténtico y genuino Pravda de Angel María Villar, como Más Allá. De haberle tocado cubrir como reportero la información federativa, Franz Kafka, precursor del realismo mágico y autor, entre otras obras maestras del surrealismo, de El Proceso, El Castillo o La Metamorfosis, habría sido un novelista costumbrista, un Benito Pérez Galdós de Praga. Por mucho que Jorge Carretero se indignara por la noche en El Tirachinas con la información ofrecida por la mañana por Javier Matallanas en la Cadena Cope, por mucho que montara el numerito de humillado y ofendido, y que a Dios pusiera por testigo de que jamás volvería a pasar hambre, por mucho que amagara con marcharse y acusara a mi compañero de "no decir la verdad", la información de que la Federación anda dividida a propósito de la continuidad de Luis va a misa.

Aragonés diría seguramente que no en el hipotético caso de que se impusieran las extrañas pretensiones del sector padroniano (lo contrario dejaría en mantillas al mismísimo Kafka), pero la simple filtración de un posible ofrecimiento, y en vísperas además de un decisivo partido de semifinales, resulta kafkiana, kafkiana, kafkiana, digna, sin duda, de aparecer en la portada de la revista Más Allá. Con la "leche caducada" según el testimonio del propio interesado, una oferta mareante del fútbol turco, el objetivo cumplido en la Eurocopa y Del Bosque apalabrado por el director deportivo, que para algo estará donde está, a nadie en su sano juicio se le puede ocurrir manejar siquiera la posibilidad de anunciar veladamente una posible contraoferta para el actual seleccionador. Es más de lo mismo: cuando la suerte nos sonríe y todo marcha razonablemente bien nos tropezamos entre nosotros.

Carretero, pues, no debe enfadarse con tal o cual profesional de la información sino trabajar para que sólo existan un criterio y una voz en la Federación. La reunión mantenida entre Luis y sus ayudantes no hace más que alimentar el culebrón y desviar la atención de lo único realmente importante que no es otra cosa que Andrei Arshavin, cómo pararle en seco para que no arme la gorda como hizo contra Holanda. Rogaría al personal deportivo profesional destinado en Austria que, por una vez, no se tropezara consigo mismo generando problemas que no existen en el mundo real. El primer paso consiste en vencer a Rusia, el segundo será ganar a Alemania o Turquía en la final y en el tercero tendremos que desearle mucha suerte a Del Bosque para que repita en el Mundial de dentro de dos años lo conseguido en esta Eurocopa. La leche está caducada y eso no hay nadie que pueda impedirlo por mucho vicepresidente que sea.  

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