El penúltimo raulista vivo

Kafkatleti

Miguel Angel Gil ha decidido retirarse al monasterio budista de Mount Baldy, en Los Ángeles, Estados Unidos. Eso es al menos lo que nos están vendiendo. Ocupará una celda parecida a la de Leonard Cohen y, como ocurriera también con el novelista, poeta y cantante canadiense, allí llevará una vida ascética y de "anulación del yo presente". Por su parte Enrique Cerezo, el otro cincuenta por ciento del dúo, tratará de montar al "Trueno" de James McKay. Una vez repartidos convenientemente los papeles, con el hijo del genuino Gil recluido y haciendo de malo arrepentido y Cerezo metido en la piel del cowboy bueno que lo deja todo por Elsa Pataky (no tiene mérito), ahora sólo falta por saber a quién se le atribuye la responsabilidad de las veinticuatro horas más kafkianas, -¡y miren ustedes que ha habido competencia a lo largo de los últimos veinte años de historia colchonera!- aquellas que transcurrieron desde las 12 del 22 de octubre hasta las doce del 23 de octubre del año en curso.
 
Estas 24 horas de infarto han dado con los huesos de Santi Denia, el segundo del destituido Abel, en el banquillo del equipo rojiblanco para dirigir un único partido, el que enfrentará este sábado al Atlético con el Mallorca en el estadio Vicente Calderón. Siguiéndolo todo atentamente desde el palco estará Quique Sánchez Flores, el hombre que se hará cargo del equipo desde el próximo domingo y que, debido a un tecnicismo, no podrá examinarse ante Gregorio Manzano. Quique no fue en absoluto la primera opción de García Pitarch -uno de los grandes causantes de la situación actual y un tipo que, por lo que me cuentan, se cree que ha inventado el fútbol y mira a todo el mundo por encima del hombro- sino exactamente la tercera. Michael Laudrup, que propone un fútbol que se encuentra en las antípodas del de Sánchez Flores, fue el primero, y Luciano Spalletti, ex de la Roma, el segundo. El danés se dio mus y el toscano directamente el piro: "no, gracias", dijeron los dos. Y entonces llegó Quique. Pues qué bien.

La situación actual (con Quique en el palco y Denia, el segundo del cesado Abel y por lo tanto corresponsable como él de la mala trayectoria del equipo, dirigiendo al Atlético) es un síntoma claro de la aluminosis deportiva que ataca a este proyecto de arriba abajo, desde los cimientos hasta el mismísimo tejado. No quiero ni pensar qué le podrá hacer mañana Manzano, que se las sabe todas, al pobre Denia si las cosas le salen sólo regular al Mallorca. Insisto una vez más en que el error no fue traer a Abel sino prescindir del entrenador que devolvió la gloria europea al club después de una década esperando la caída del higo chumbo. Ahora QSF. Bueno. Vale. Pero esa no es la solución sino un parche. Al monasterio con Gil, a quien mi amigo Rubén Uría llama con acierto el "pagafantas", tendrían que irse unos cuantos más a anular el "yo presente". Porque con ellos ahí y no en Mount Baldy el pasado es triste y caótico y el futuro más bien incierto.
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