El penúltimo raulista vivo

Jugadores de ventaja

Se me atragantan los jugadores de ventaja. No sé qué me ocurre, pero no puedo con ellos. Se me quedan clavados ahí, en la garganta, como a Bush hijo le pasó con la galleta, y no hay forma de que pasen. Y mira que bebo agua. Un vaso. Otro vaso. Un litro. Otro litro. Ya van tres litros y nada, no me pasan los jugadores de ventaja. En las cartas, el jugador de ventaja, vulgo tramposo, es aquel que marca los naipes con laca de uñas para saber qué jugada lleva el rival. En el periodismo deportivo, el jugador de ventaja es aquel que hoy dice una cosa y mañana, sin solución de continuidad, dice otra radicalmente distinta dependiendo de la dirección que haya tomado el viento esa mañana. ¿Norte? Pues norte. ¿Sur? Pues sur. Groucho Marx lo definía así: "Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". Eso, indudablemente, afecta a la credibilidad del profesional de la información porque a los oyentes, lectores y televidentes, a la larga, no suelen gustarles demasiado este tipo de periodistas.

Milagrosamente, el Real Madrid ha empezado a jugar bien al fútbol cuando quedan ocho jornadas para el final del campeonato. Puede que el de San Mamés haya sido el mejor partido del equipo de Capello a lo largo de toda la temporada, y lo cierto es que transmite mejores vibraciones que el Barça. Tengo para mí que el equipo de Rijkaard sigue siendo el favorito para alzarse con el título, pero gana con muchas dificultades, demasiadas. El Sevilla es otra cosa. Dependiendo de lo que ocurra el domingo en el Bernabéu podrá ganar la Liga o hundirse a plomo en las cinco últimas jornadas. Ayer, sin embargo, el Madrid jugó magníficamente bien al fútbol ante el peor Athletic Club de Bilbao que recuerdo. Eso es lo que vi, de ahí que lo cuente.

Ahora mismo puede pasar de todo, incluso que el Real Madrid, si sigue jugando así, acabe ganando la Liga. Pero Capello no tendrá que vigilarme nunca las mangas. Sigo creyendo que la suya fue una elección profundamente equivocada, que le trajeron para ganar algo y todavía no ha ganado nada y que ha convertido el estadio Santiago Bernabéu en una especie de posada de reposo a la que uno va los domingos a comerse el bocadillo y echar la siestecita. Nunca marcaré mis cartas y si me toca perete jugaré como si tuviera treinta y una. No le vapulearé mañana y le jalearé pasado. Creo que no es el entrenador que necesita el Madrid y eso no cambiará con la Liga número treinta. No quiero ventajas.

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