El penúltimo raulista vivo

Bobos versus Cristiano

Del estado comatoso del periodismo deportivo español habla bien a las claras lo que no ha sucedido con la información publicada el otro día por El Mundo, la que descubría que el Barça pagó 205 millones de euros por Neymar, y lo que sí ha sucedido con la agresión (porque de una agresión se trata) del defensa central Fabian Schar a Cristiano Ronaldo en el partido Real Madrid-Deportivo de La Coruña de este domingo. Lo que, salvo contadísimas excepciones, entre las que afortunadamente se encuentra EsRadio, no sucedió con la información destapada por El Mundo fue que se rebotara citando, por supuesto, a su autor. Digo "contadísimas excepciones" porque sí hubo quien consideró relevante que un diario publicase los documentos que demostraban que la junta directiva del Barça había mentido sobre el fichaje de Neymar, aunque la mayoría de medios solaparon esa información cuando no la ocultaron directamente.

Lo que sí ha sucedido con la agresión sobre Cristiano, que le causó una brecha en la cara después de la patada del jugador suizo, es que de lo que menos se ha hablado ha sido de la jugada en sí, que acabó por cierto con un golazo del portugués, el 6-1 en ese momento, sino de un gesto de CR7 cuando se retiraba del campo. Puesto que de la ceja de Cristiano manaba abundante sangre, el médico del Real Madrid le ofreció al jugador su teléfono móvil para que se viera y se tranquilizara mientras alcanzaba el túnel de vestuarios. Este gesto, que en cualquier otro futbolista de cualquier otro equipo del mundo habría pasado inadvertido, ha sido el origen de una serie encadenada de bromas, faltas de respeto e insultos personales con alguna connotación homofóbica. En uno, diez, cien o mil aficionados, la chanza casi me atrevería a decir que está asegurada, forma parte del espectáculo y tiene poco recorrido; a los jugadores les dicen de todo en el campo, de todo, y no creo que a Cristiano le afecte demasiado. Tampoco creo que le afecte que un periodista, dos o mil se burlen de la acción, que fue peligrosa de verdad, pero la diferencia está en la responsabilidad. Que un periodista diga, a través de su perfil de Twitter, que no tiene claro si Cristiano estaba haciéndose un selfie o comprobando si se le había corrido el maquillaje... habla muy mal del periodista y, por extensión, de un oficio que agoniza.

Ejemplos de la burla hacia Cristiano ha habido muchos. A Cristiano le han mandado al psicólogo, de Cristiano se ha dicho que es un narcisista, con Cristiano se han metido por no regresar al campo a falta de 3 minutos para acabar un partido que el Real Madrid iba ganando, cuando él se marchó, por 6-1. Un gesto natural, una reacción normal que cualquiera de nosotros habría tenido, se ha querido convertir en el nuevo Caso Watergate del fútbol español. En esta reacción, que yo no comparto y con la que no puedo ser por supuesto solidario, por mucho que ellos y yo estudiáramos la misma Carrera, hay un ingrediente de ineptitud, otro de falta de respeto, otro de maldad y, si me lo permitís, otro de xenofobia. A Cristiano no le quieren, como él mismo dijo, porque es rico y famoso; tampoco le quieren, salvo, por supuesto, los madridistas, porque juega en el Madrid; y tampoco le quieren... porque es portugués. Se les ha colado un portugués, y por ahí sí que no pasan. Ya estábamos acostumbrados a los ataques homófobos y, ahora, la xenofobia y, en definitiva, la imbecilidad en su estado más puro. Dice Woody Allen que la ventaja de ser inteligente es que se puede fingir que uno es imbécil mientras que al revés es imposible. Pues eso: imposible.

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