El penúltimo raulista vivo

Illa y el protocolo fantasma

El protocolo suscrito este pasado jueves, hace de eso cuatro días como quien dice, entre el Consejo Superior de Deportes, la Liga de Fútbol Profesional y la federación española de fútbol, ese protocolo del que todos teníamos que sentirnos satisfechísimos y por el cual íbamos a ser señalados como ejemplo a seguir, como referencia a imitar, ese protocolo, sí, el protocolo... ha muerto. Viva, pues, el protocolo. Juanfe Sanz lo explicaba anoche magníficamente bien en su perfil de Twitter. El caso es que el ministerio de Sanidad dio el visto bueno al protocolo emplazando a la utilización del test con la vista puesta en el Real Decreto del 13 de abril, esto es bajo estricta prescripción médica y siguiendo las instrucciones y criterios acordados por la autoridad... sanitaria, por supuesto. Hasta el 13 de abril cualquiera podía hacerse de forma privada el test, cualquiera, pero desde el 13 de abril, y hasta nueva orden, la realización del test se tiene que hacer en teoría porque así lo decida un médico, otra cosa distinta es la práctica de lo que esté suciendo ahora mismo.

Lo que se aprobó en ese protocolo ejemplo para la humanidad, amparado bajo el paraguas del Real Decreto, era que aquellos futbolistas que tuvieran síntomas o hubieran estado en contacto con personas contagiadas por el Covid 19 pasasen el test, y aquellos que no tuvieran síntomas o no hubieran tenido relaciones de riesgo, por así decirlo, no lo pasaran. Y aquí, nada más arrancar tan pedregoso camino, ya tropezamos directamente con el primer obstáculo puesto que, por ejemplo, en el Valencia, que ha sido el equipo con mayor número de futbolistas contagiados por el coronavirus, todos sus jugadores fueron asintomáticos, todos. ¿Cómo se supo que los futbolistas del Valencia estaban contagiados? Pues efectivamente, realizándoles el test que ahora prohíbe hacer el Gobierno.

El ministro Illa habló el otro día de "concesiones especiales", y no lo hizo en privado, no lo hizo en un corrillo, bisbiseando, susurrando, no, lo hizo desde un atril con el anagrama del Gobierno de España. ¿Cómo que concesiones especiales? ¿Son los futbolistas tan especiales como para saltarse a la comba el Real Decreto que al resto de ciudadanos nos impide hacernos los tests? Aún así, ni en el protocolo del Consejo Superior de Deportes ni, por supuesto, en el Boletín Oficial del Estado se hace referencia alguna a ese misterioso y clasista signo de distinción ¿Por qué no recoge el BOE esas concesiones especiales? Pues no las recoge porque ningún Gobierno del mundo, ninguno, ni siquiera el que preside Iglesias Turrión, puede decir: "La ley es ésta, pero para éste, para aquel, para ese que asoma el pescuezo por allí y para este otro no hay ley". La ley es la ley, ¿no? Si no hay ley hay anarquía, ¿verdad?

Tiene tantas grietas el protocolo, tantas, que, vista la absoluta y total improvisación, la Liga, o sea Tebas, se pone en contacto con los clubes y, con la ley de prevención de riesgos laborales en la mano, ampara a los clubes para que se les hagan a sus jugadores, o sea a sus trabajadores, los tests en el reconocimiento médico general. Sucede que eso mismo quiso hacer con sus trabajadores, por ejemplo, mi empresa, Libertad Digital, la semana anterior, pero, con el pretexto del famoso Real Decreto del 13 de abril, el Gobierno de Iglesias Turrión requisó al más puro estilo de la DEA los reactivos con los que se realizan los tests y aquí continuamos sin saber cuándo y cómo podremos regresar a la redacción ni quiénes tienen o han tenido el virus. Eso sí, tengo claro que cuando Salvador Illa habló de "concesiones especiales" no estaba pensando precisamente en EsRadio.

Visto el guirigay, comprobado el total y absoluto desastre protocolario del protocolo protocolero, la Asociación Española de Médicos de Fútbol emite un comunicado en el que denuncia la falta de información (pónganse en la cola, doctores) y exige indicaciones concretas sobre la posibilidad de realizar pruebas preventivas. O sea, traducido al román paladino, los médicos le piden a Illa que ponga por escrito que, efectivamente, los clubes de fútbol se pueden pasar el BOE por el arco del triunfo. O lo que es lo mismo, la Liga insta a un miembro del Consejo de Ministros a que se haga con ella la vista gorda y deje a los clubes abstenerse de cumplir un Real Decreto aprobado por un Gobierno del que él forma parte. Ante este desolador panorama es incluso razonable que los futbolistas, pero no sólo ellos sino también los utilleros, los entrenadores, los fisioterapeutas, que en los clubes modestos pueden estar cobrando 900 euros al mes, o los propios médicos se hayan negado a saltar al campo... ¿Cómo cantaba La Faraona, la señora Lola Flores? ¿Os acordáis? Pues en su canción "Cómo me las maravillaría yo" está la explicación de todo, y en concreto cuando dice lo siguiente, ojo: "Yo tenía un arcón que tenía tronchi, tronchito, cogollo y cogollito, penca y pencajo, debajo de la penca un grajo, debajo del grajo una graja, debajo de la graja una tinaja, debajo de la tinaja un huerto, detrás del huerto una caja, encima de la caja una baraja para que jueguen a las ocho los tineros con gran maña" ¿Cómo me las protocoloraría yo?

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