El penúltimo raulista vivo

Iker, Gatti, Sara y la DGT

Últimamente todo parece girar negativamente alrededor de Casillas, que ni siquiera puede lesionarse en paz y armonía. El ex portero Hugo Gatti, que se jacta de estar como un auténtico cencerro y que presume además de su merecidísimo apodo de "el loco", viene a decir el otro día que Iker finge su lesión después de que Arbeloa le arree un patadón de no te menees en el partido de Copa contra el Valencia en Mestalla. Confirmada tras las pruebas una fractura del metacarpiano de su mano izquierda y ratificada por los médicos la ausencia de los campos del portero madrileño por un período aproximado de tres meses, Gatti no sólo no corrige su desmadejada intervención sino que se ratifica en la misma e insiste en que si Casillas se retiró del partido no fue por el dolor sino por un par de intervenciones erróneas anteriores. Vivimos tiempos convulsos: a los locos de atar les dejan entrar en la tele al tiempo que los cuerdos se encierran bajo siete llaves en sus casas.

Con la mano izquierda escayolada sale al fin Casillas conduciendo su propio coche y la imagen es captada, claro, por todas las televisiones de España. Mal hecho por parte de Iker porque si a estas alturas de la competición no es aún consciente de que todo lo que haga, diga, piense, cante, baile o coma un jugador del Real Madrid Club de Fútbol va a ser escrutado, analizado, debatido y rebatido durante horas y horas es que no se ha enterado de la película. Como los tiempos que corren son los que son y uno busca notoriedad hasta debajo de las piedras, una autoescuela de Plasencia salta a la palestra exigiéndole a la Dirección General de Tráfico que castigue a Iker por conducir con una sola mano, y a la DGT no se le ocurre otra cosa que emitir un comunicado para explicar por qué motivos no puede sancionar al capitán del Madrid. Sanciónesele o no pero en silencio y no le hagamos el caldo gordo al avispado ciudadano placentino que lo único que pretende es costearse una campaña publicitaria gratis a costa del capitán del Real Madrid y de la selección.

Llega a casa Casillas, sintoniza Televisa y ve a Sara Carbonero afirmando con soltura y alegría de vivir que el vestuario del Madrid está dividido porque los jugadores no comulgan para nada con Mourinho, que es por ejemplo como si Barack Obama pone la NBC y ve a su mujer Michelle diciendo que en la Casa Blanca piensan que la gestión de Hillary Clinton al frente de la secretaría de Estado ha sido un auténtico desastre. Y una de tres: o a Sara ya no le importa en absoluto lo que se diga porque tampoco le importa a su chico o, si aún le importa, alguien debe aconsejarla cómo torear con elegancia ese tipo de situaciones. Y aún hay una tercera y dolorosa opción que a buen seguro será analizada en las próximas horas si no lo ha sido ya: que Casillas quiera que Sara diga lo que dijo en el canal mejicano. El caso es que, inocente despiste o incendio provocado, ya verán cómo hoy se hablará más bien poco del partido contra el Barcelona y mucho de... Michelle Obama. De chiste.

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