El penúltimo raulista vivo

Huerta y Guirao: unidos por su desconocimiento del deporte

El pasado 2 de junio, Pedro Sánchez tomaba posesión como presidente del Gobierno, y cuatro días más tarde, el 6, daba a conocer los nombres de sus nuevos ministros. En un primer flash, la valoración del nuevo consejo fue muy positiva entre los especialistas en la materia, un equipo ministerial compuesto, en líneas generales, por profesionales y, al parecer, gente entendida en sus respectivas carteras... salvo en el nombre del primer ministro de Cultura y Deporte de Sánchez, Màxim Huerta, un periodista ganador del premio Primavera de novela que había dejado por Twitter un tufo de animadversión hacia el deporte, que más tarde pretendió, yo creo que sin éxito, solucionar. Huerta, que dimitió a la semana justa de haber sido nombrado, tuvo en esos siete días tiempo más que suficiente como para pensar en Vicente del Bosque como secretario de Estado, pero el tino que a Del Bosque le faltó para confeccionar la lista del Mundial de Brasil, le sobró entonces para darle las gracias al ministro recién nombrado... y decirle que "no".

A Huerta, que tenía un perfil determinado, el perfil de un verso suelto, una especie de enfant terrible puesto ahí para captar la atención de los medios y poco más, le sustituyó hace 8 días un ministro de perfil radicalmente opuesto, José Guirao, un gestor cultural, ex director general de Bellas Artes y del Museo Reina Sofía que, en el momento de darle el "sí, quiero" a Sánchez ocupaba la dirección general de la fundación Montemadrid. Huerta y Guirao, Guirao y Huerta, eran personalidades absolutamente distintas probablemente porque Sánchez debió pensar que con lo de Màxim había cubierto el cupo, y sólo estaban unidos por una cosa: su absoluto y total desconocimiento del mundo del deporte. Ni a Huerta le gustaba el deporte ni le gusta tampoco a Guirao, quien, para estrenar su puesto, tuvo la feliz ocurrencia de decir en Radio Nacional que Lopetegui debió pensar primero en España. Ni sabía quien era Lopetegui, ni tenía por supuesto el señor ministro ni la más remota idea de qué le estaban preguntando, pero él dijo "¡Ejpaña!" y siguió para adelante. Sí tuvo, al menos, el gesto de humildad franciscana de pedirnos a los periodistas deportivos que tuviéramos paciencia con él.

Y yo voy a tener con el ministro, por supuesto, toda la paciencia del mundo, pero parece que el deporte español no la va a tener puesto que ayer las federaciones y la Asociación del Deporte español mostraron su profundo malestar por el vacío de poder existente en nuestro deporte, que, 19 días después de la toma de posesión de Sánchez, 15 días después de que se conocieran los nombres de los distintos ministros, 9 días después de la dimisión del primer ministro de Deporte del nuevo presidente y 8 días después de la toma de posesión de su sustituto, continuaba sin un secretario de Estado. ¿Qué denota todo esto? Pues lo que esto significa no es otra cosa que en el país del campeón de europa de fútbol y de baloncesto, en el país del campeón de la Europa League, en el país que vio nacer a uno de los mejores tenistas de la historia, en el país de los Gasol, en el país del campeón mundial de Moto GP y de Moto 3, en el país del campeón de Europa de fútbol sala, en el país del doble campeón del mundo de patinaje artístico, en el país de la campeona olímpica de badminton... el deporte le importa un bledo a la clase política española. Porque aunque la elección de Huerta fue una frikada y la de Guirao un tiro al aire, el desconocimiento, la ausencia de cariño y el nulo respeto suelen ser componentes esenciales del comportamiento de nuestros políticos (de todos, ahí no hay siglas) hacia nuestros deportistas.

Parece, sólo parece, que, al fin, tenemos quien ocupe la secretaría de Estado para el Deporte. De confirmarse el nombramiento, si al final es María José Rienda la elegida, que da la sensación de que sí, su elección será un motivo de alegría para quienes amamos sinceramente el deporte. Eso sí, las federaciones han tenido que preguntar qué había de lo suyo porque, al parecer, el ministro estaba tratando de arreglar lo de Lopetegui, que es lo que afirmó el mismo día de su nombramiento en Radio Nacional. Un pelín, sólo un pelín de sensibilidad no vendría mal. Un pelín. Mucha sensibilidad sería pasarse y la sensibilidad correcta nos sorprendería a todos, pero un pelín, sólo un pelín, no vendría mal. Porque luego, queridos míos, bien que corréis en estampida para haceros la fotito con el héroe de turno, ¿a que sí?...

A continuación