El penúltimo raulista vivo

Hombres que siempre fueron negros

"Yo fui negro una vez... cuando era pobre". La frase de Larry Holmes, ex campeón mundial de los pesos pesados, es tan redonda que no hay que añadir nada más. Desconozco el estado de las finanzas de Holmes pero, si el asesino de Easton fue capaz de invertir con sensatez sólo una décima parte del dinero que se embolsó a lo largo de su exitosa carrera deportiva, podemos afirmar sin temor a la equivocación que el señor Holmes lleva siendo blanco caucásico desde hace más de treinta años. Otros no corrieron la misma suerte y nacieron y murieron negros. En 1946, Jack Johnson entró en una cafetería y se negaron a servirle por el color de su piel; su indignación fue tal que salió enfurecido, se puso al volante de su coche y sufrió un accidente que le costó la vida. Aquel hombre que nació y murió negro, inspirador de Muhammad Ali, tuvo la increible desfachatez de convertirse en el primer campeón del mundo de su raza de los pesos pesados.
 
El dominio del gigante de Gavelston fue tal que los racistas de la época se pusieron manos a la obra para encontrar, conviene decir que sin demasiado éxito, lo que entonces se dio en llamar la "gran esperanza blanca". Ha sido tan grande el cambio experimentado por el boxeo que hoy, un siglo después de que Johnson se proclamara campeón mundial de los pesados, de lo que se habla es precisamente de la "gran esperanza negra". Puesto que en el ring era imbatible, Jack Johnson fue noqueado y condenado a un año de cárcel en virtud del Acta Mann que consideraba delictivo cruzar de un estado a otro con una mujer con propósitos deshonestos. Lo que claramente intentaba impedir la ley no era otra cosa que el proxenetismo, pero puesto que ningún campeón blanco se deshacía de aquel negro con aires de fanfarrón, a Johnson, que estuvo casado cuatro veces y en tres de ellas con mujeres blancas, le hicieron un "hueco" a sabiendas de que aquella resolución era totalmente injusta. Ahora John Mc Cain le ha pedido a Barack Obama que rehabilite el buen nombre de Jack Johnson.

Joe Gans también fue negro durante toda su vida. Medía 1,68, el diámetro de su cuello era de 39,37 centímetros, el de sus bíceps de 33,02 centímetros, tenía un tórax de 95,52 centímetros, una cintura de 76,70 centímetros, unos muslos de 53,34 centímetros y unas pantorrillas de 33,02 centímetros. O sea, era perfecto y, a pesar de ser considerado el mejor peso ligero de todos los tiempos, también se las hicieron pasar canutas. En 1906 peleó contra Batling Nelson en Goldielfd, estado de Nevada. Billy Nolan, manager de su contrincante, impuso que Gans, para quien dar el límite de la categoría (60,328) era poco menos que imposible, se pesara tres veces el día del encuentro. La primera pesada fue al mediodía, la segunda a las dos de la tarde y la última poco antes de saltar al ring. El viejo campeón, muy debilitado, se deshizo del danés en el asalto cuarenta y dos, pero luego contrajo la tuberculosis y fue derrotado dos veces por Nelson en 1908. Tenía 36 años cuando murió en Baltimore y suyas son estas palabras: "Los boxeadores no son eternos, pero cuando vemos a un buen atleta fallecer al amanecer de su madurez, nos volvemos serios y graves". 
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